Sábado 1 de diciembre.
Lee Para el Estudio de esta Semana:
Éxodo 32:1-14; Salmo 62:1-8; Ezequiel 24:15-27; Mateo 5:43-48; 1 Pedro 2:18-25.
Para Memorizar:
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5).
NO ESCUCHAMOS con mucha frecuencia la palabra manso, excepto tal vez cuando leemos acerca de Moisés o estudiamos las Bienaventuranzas. No es difícil darse cuenta de por qué es así. La mansedumbre es definida como “soportar la injuria con paciencia y sin resentimiento”. No asombra que no oigamos mucho acerca de ella; difícilmente es un rasgo bien aceptado en la cultura actual. A veces, la Biblia traduce esta palabra como “humilde”. Otra vez, la humildad no es un rasgo característico que se vea como deseable en la mayoría de las culturas.
Pero la mansedumbre, soportar injurias con paciencia y sin resentimiento, es una de las características más poderosas de Jesús y de sus seguidores. Y, no obstante, no es un fin en sí mismo: la mansedumbre de espíritu puede ser un arma poderosa en las manos de los que están en medio del dolor y del sufrimiento. De hecho, el crisol es un buen lugar para aprender la mansedumbre de corazón, porque por medio de él nuestra mansedumbre y los dolores son testigos poderosos para Dios.
Un Vistazo a la Semana:
¿Cuál es la relación entre el sufrimiento y la mansedumbre? ¿Cómo podemos nosotros, con nuestros propios sufrimientos y dolores, ser un testimonio viviente para otros? ¿De qué modo la mansedumbre realmente puede ser una fortaleza y no una debilidad del cristiano?
Domingo 2 de diciembre: Pan Quebrado y Vino Derramado.
El escritor Oswald Chambers declaró que hemos de llegar a ser “pan quebrado y vino derramado” en favor de otros. ¿Qué crees que significa esto?
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Por toda la Biblia hay ejemplos de personas que fueron “quebradas” para servir a otros. Moisés fue llamado a soportar interminables olas de chismes y críticas al conducir a su pueblo a la Tierra Prometida. José fue llamado a una experiencia que involucraba traición y encarcelamiento mientras estaba en un puesto de servicio en Egipto. En cada caso, Dios permitió las situaciones con el fin de que las vidas de su pueblo fueran el teatro de su gracia y cuidado, no solo para sí mismos, sino también para el bien de otros. Dios puede usarnos de la misma manera. Es fácil sentir ira o dolor en tales situaciones. Pero, como notamos ayer, la mansedumbre es la capacidad dada por Dios para soportar tales cosas con “paciencia y sin resentimiento”.
Lee Ezequiel 24:15 al 27. ¿Qué estaba ocurriendo allí? ¿Por qué Ezequiel pasó por ese crisol?
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En el versículo 24, Dios dijo: “Ezequiel, pues, os será por señal; según todas las cosas que él hizo, haréis; cuando esto ocurra, entonces sabréis que yo soy Jehová el Señor”. Por medio del ejemplo de Ezequiel, el pueblo de Israel llegaría a la convicción de la verdad acerca de quién era Dios, Jehová el Señor, al experimentar el cumplimiento de la profecía que la vida de Ezequiel estaba simbolizando. Pero ellos verían esto sólo porque Ezequiel se quebró en las manos de Dios, por ellos. ¡Quién sabe cuántas personas verán a “Jehová el Señor” también mediante nosotros, en nuestra condición quebrada!
Más temprano o más tarde, la vida misma nos quebrará a todos. ¿Cuál ha sido tu experiencia al ser quebrado? ¿Qué lecciones aprendiste? ¿Cómo puede Dios usar tu propia alma quebrada para ayudar a otras personas?
Lunes 3 de diciembre: Interceder Pidiendo Gracia.
Lee Éxodo 32:1 al 14. ¿Qué papel estaba desempeñando Moisés aquí?
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Después de que el pueblo comenzó a adorar el becerro de oro, Dios dijo que habían ido demasiado lejos y anunció que destruiría al pueblo y haría de Moisés una gran nación. Pero, en vez de aceptar la oferta de Dios, Moisés rogó que Dios mostrara gracia a su pueblo, y Dios así lo hizo.
Éxodo 32:1 al 14 plantea dos problemas importantes. Primero, la oferta de Dios de destruir al pueblo rebelde y bendecir a Moisés era una prueba para él. Dios quería que Moisés demostrara cuánta compasión sentía él mismo por ese pueblo que era terriblemente desobediente. Y Moisés pasó la prueba. Como lo hizo Jesús, él suplicó pidiendo misericordia para los pecadores. Esto revela algo muy interesante: a veces Dios también puede permitirnos afrontar oposición, puede permitirnos estar en el crisol, de modo que él, nosotros y el universo que observa podamos ver cuánta compasión tenemos por los que están extraviados.
¿Qué razones dio Moisés para pedir que Dios no destruyera a Israel?
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Segundo, este pasaje muestra que la oposición y la desobediencia son un llamado a mostrar gracia. Se necesita gracia cuando la gente menos la merece. Pero, cuanto menos merecen la gracia, también es tiempo de sentirnos pequeños para ofrecerla. Recuerda cuando la hermana de Moisés, María, lo estaba criticando; quedó leprosa, y Moisés clamó a Dios que la sanara (Núm. 12). Cuando Dios se enojó con Coré y sus seguidores, y amenazó con destruirlos a todos, Moisés cayó sobre su rostro para suplicar por sus vidas. Al día siguiente, cuando Israel murmuró contra Moisés por la muerte de los rebeldes y Dios amenazó otra vez con destruirlos a todos, Moisés cayó sobre su rostro y pidió a Aarón que rápidamente hiciera expiación por todos ellos (Núm. 16). En su propia mansedumbre, en su propia abnegación en medio de este crisol, Moisés buscó gracia en favor de los que realmente no la merecían.
Piensa en la gente que te rodea y que tú piensas que es la menos merecedora de gracia. ¿De qué modo puedes tú, con mansedumbre y humildad abnegada, ser una revelación de la gracia de Dios para ello?
Martes 4 de diciembre: Amar a los que nos Hieren.
Alguien dijo cierta vez: “Amar a nuestros enemigos, entonces, no significa que se espera que amemos el polvo en el que está enterrada la perla; más bien significa que amemos la perla que yace en el polvo [...]. Dios no nos ama porque por naturaleza seamos dignos de ser amados. Pero podemos ser dignos de ser amados porque él nos ama”.
Cuando miras a tus “enemigos”, normalmente ¿qué ves: la perla o el polvo que la rodea?
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Lee Mateo 5:43 al 48. Jesús nos pide que amemos y oremos por nuestros enemigos. ¿Qué ejemplo de la naturaleza da Jesús allí, que nos ayuda a entender por qué debemos amar a nuestros enemigos? ¿Qué nos está enseñando Jesús aquí?
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En el versículo 45, Jesús usa el ejemplo de su Padre en los cielos para ilustrar cómo debemos tratar a los que nos hieren, que tal vez nos ponen en el peor de los crisoles. Jesús dice que su Padre envía la bendición de la lluvia a los justos y a los impíos; si Dios da la lluvia aun a los injustos, ¿cómo deberíamos tratarlos nosotros también?
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Jesús no está tratando de decir que siempre debemos tener sentimientos cálidos y tiernos para todos los que nos causan dificultades, aunque esto también es posible. Fundamentalmente, el amor a nuestros enemigos no significa que es un sentimiento que tenemos por ellos, sino actos específicos hacia ellos que revelan cuidado y consideración.
Jesús concluye este pasaje con un versículo que a menudo produce mucho debate: “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (vers. 48). Pero el significado es muy claro en el contexto: Aquellas personas que quieren ser perfectas como Dios es perfecto deben mostrar amor a sus enemigos como Dios lo muestra a sus enemigos. Ser perfectos a la vista de Dios es amar a los que se oponen; y hacer esto requiere una mansedumbre de corazón que solo Dios puede dar.
Recordando nuestra definición de mansedumbre (“soportar heridas con paciencia y sin resentimiento”), enumera los cambios que debes hacer para permitir que Dios te dé la clase de mansedumbre de corazón que te ayudará a tener la actitud correcta hasta los “enemigos”.
Miércoles 5 de diciembre: Una Boca Cerrada.
El ejemplo más poderoso de mansedumbre en el crisol viene de Jesús. Cuando dijo: Venid y “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mat. 11:29), quería decir vivir de maneras que probablemente ni podemos imaginar.
Lee 1 Pedro 2:18 al 25. Pedro está ofreciendo algunos consejos sorprendentes a los esclavos; describe de qué manera Jesús respondió al tratamiento injusto y doloroso que le dieron, y les sugiere que les dejó “ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Ped. 2:21). Cuando estamos en el crisol, ¿qué principios de mansedumbre y humildad podemos aprender del ejemplo de Jesús, según lo expresa Pedro aquí?
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Es triste observar a alguien que está tratando injustamente a otro. Y es extremadamente doloroso cuando nosotros estamos recibiendo ese trato. Normalmente tenemos un sentido muy fuerte de justicia, pues cuando ocurre una injusticia nuestro instinto es “poner las cosas en orden”, mientras sostenemos lo que creemos que es una ira justa.
No es fácil vivir así. Tal vez es imposible a menos que abracemos una verdad crítica: que en toda situación injusta debemos creer que nuestro Padre celestial está en el control y que él actuará en nuestro favor cuando sea de acuerdo con su voluntad. Esto también significa que debemos abrirnos a la posibilidad de que, como Jesús, no siempre seremos salvados de la injusticia. Pero, también debemos recordar que nuestro Padre celestial siempre está con nosotros, y está a cargo de todo.
El consejo de Pedro, modelado por la vida de Jesús, es sorprendente porque parece ser que el silencio ante el sufrimiento injusto es un testimonio más grande para la gloria de Dios que “poner las cosas en orden”. Cuando fue interrogado por Caifás y por Pilato, Jesús pudo haber dicho muchas cosas para corregir la situación y justificarse a sí mismo, pero no lo hizo. Su silencio fue un testimonio de su mansedumbre.
¿Cómo reaccionaste en situaciones en las que has sido tratado injustamente? ¿Cómo puedes aplicar mejor algunos de los principios considerados aquí a tu propia vida?
Jueves 6 de diciembre: Nuestra Roca y Refugio.
Muy a menudo las personas más orgullosas, las más arrogantes y altaneras, son las que sufren de baja estima propia. Su arrogancia y orgullo –que es una total falta de mansedumbre o humildad– son como una cubierta, pero tal vez no son conscientes de algo que falta en su interior. Lo que ellos necesitan es algo que todos necesitamos: un sentido de seguridad, de dignidad, de aceptación, especialmente en tiempos de angustia y sufrimiento. Podemos encontrar eso sólo mediante Dios. Resumiendo, la mansedumbre y la humildad, lejos de ser atributos de debilidad, a menudo son las manifestaciones más fuertes de un alma firmemente anclada en la Roca.
Lee Salmo 62:1 al 8. ¿Cuál parece ser el telón de fondo para este Salmo? ¿Qué puntos está destacando aquí David? ¿Qué principios espirituales puedes aprender de lo que él está diciendo? Pero, más importante, ¿cómo puedes aprender a aplicar estos principios a tu propia vida?
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“Sin causa, algunos hombres llegan a ser nuestros enemigos. Los motivos del pueblo de Dios serán mal interpretados, no solo por el mundo, sino también por sus propios hermanos. Los siervos de Dios serán puestos en lugares difíciles. Se hará una montaña de un grano de arena para justificar a los hombres que siguen una conducta egoísta, injusta. [...] Al representar mal a estos hombres, eso los viste con el oscuro ropaje de la falta de honestidad, porque las circunstancias más allá de su control hicieron que su obra estuviera más llena de perplejidades. Los señalarán como hombres que no son confiables. Y esto lo harán miembros de la iglesia. Los siervos de Dios deben armarse con la mente de Cristo. No deben esperar escapar del insulto y de juicios equivocados. Se los llamará exaltados y fanáticos. Pero no deben desanimarse. Las manos de Dios están en el timón de la providencia, guiando su obra para la gloria de su nombre”. –Elena G. de White, en Spalding and Magan Collection, p. 370.
¿Cuán inmune eres a las críticas y los ataques de otros? Lo más probable es que no seas inmune, ¿verdad? ¿Qué puedes hacer para aferrarte más a Dios y arraigarte en tu sentido de valor propio porque aquel que te ama tanto murió por tus pecados? ¿De qué modo esta manera de pensar te ayuda a protegerte contra quienes te desprecian?
Viernes 7 de diciembre.
Para Estudiar y Meditar:
Lee El ministerio de curación, pp. 358, 359; El Deseado de todas las gentes, “El Sermón del Monte”, pp. 265-281; El evangelismo, p. 458.
“Las dificultades que hemos de arrostrar pueden ser muy disminuidas por la mansedumbre que se oculta en Cristo. Si poseemos la humildad de nuestro Maestro, nos elevaremos por encima de los desprecios, los rechazamientos, las molestias a las que estamos diariamente expuestos; y estas cosas dejarán de oprimir nuestro ánimo. La mayor evidencia de nobleza que haya en el cristiano es el dominio propio. El que bajo un ultraje o la crueldad no conserva un espíritu confiado y sereno despoja a Dios de su derecho a revelar en él su propia perfección de carácter. La humildad de corazón es la fuerza que da la victoria a los discípulos de Cristo; es la prueba de su relación con los atrios celestiales” (DTG 268, 269).
Preguntas Para Dialogar:
1. ¿De qué modo la humildad nos permite “estar por sobre” las heridas y las molestias? ¿Cuál crees que es la característica más importante de la humildad, la que nos permite hacer eso?
2. En tu cultura específica, ¿de qué manera se consideran las características de la humildad y la mansedumbre? ¿Son ellas respetadas o despreciadas? ¿Qué clase de presiones afrontas en tu cultura que actúan en contra de que cultives estas características?
3. ¿Hay grandes ejemplos de mansedumbre y humildad en las personas que viven hoy? Si es así, ¿quiénes son, cómo han expresado esos rasgos y qué puedes aprender de ellos?
4. ¿Por qué, muy a menudo, igualamos la mansedumbre y la humildad con la debilidad?
5. Vimos que David buscó a Dios como un refugio. ¿Cómo actúa esto, cómo se manifiesta siempre ese refugio? En otras palabras, ¿cómo podemos nosotros, como iglesia, ser un refugio para quienes necesitan uno? ¿Qué clase de refugio proporciona tu iglesia local? ¿Qué puedes hacer para ayudar a que sea un refugio para los que tienen esta necesidad






