Sábado 26 de abril
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 4:23-25; 8:25-27; 11:2-6; 12:22, 23; Hechos 3:19-21.
PARA MEMORIZAR:
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:36).
HASTA LA LECTURA MÁS SUPERFICIAL de la vida de Jesús como la presentan los evangelios revela un hecho interesante: con la excepción de los asombrosos eventos que rodearon su nacimiento, se cuenta muy poco de la infancia y los primeros años de Jesús. Este espacio ha conducido a toda suerte de especulaciones a lo largo de los siglos acerca de lo que Cristo pudo haber hecho durante todos esos años perdidos. Sin embargo, nada se acerca tanto a lo que Elena de White escribió en El Deseado de todas las gentes (“La niñez de Cristo” y “Días de conflicto”).
En cambio, la Biblia se concentra en su vida adulta, específicamente en los tres años y medio de su ministerio. ¡Qué tres años y medio fueron!
El mundo no ha experimentado nada semejante. Sus obras, siempre en favor de otros, y completamente sin caprichos, se presentan como evidencia del amanecer de un nuevo día, el nacimiento del Reino de Dios. El momento del Sermón del Monte terminó, la escena cambió abruptamente, y Jesús se lanzó a atender las necesidades de la gente (ver Mat. 8, 9). Para Jesús no eran solo palabras. Él tenía obras para apoyar las palabras.
El Reino de Dios había llegado, y Jesús estaba allí para inaugurarlo.
Domingo 27 de abril ¿QUÉ HOMBRE ES ESTE? (Mat. 8:25-27)
Lee Mateo 8:1 al 4. En estos versículos, ¿qué encuentras importante con respecto a las razones para la venida de Jesús al mundo?
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Por la forma en que Mateo la cuenta, la curación del leproso sucedió tan pronto como Jesús bajó del monte. Acababa de presentar el Sermón del Monte, y Jesús se encuentra de golpe con la necesidad humana en el valle. Y el primer desafío que confronta es la lepra, un símbolo de nuestra condición humana. Jesús tocó al leproso (¿qué nos dice esto?), ¡y la lepra desapareció! Tal es el poder de nuestro Señor.
En lo que sigue en el resto de Mateo 8 y en el capítulo 9, Mateo describe a Jesús como quien tenía poder sobre la naturaleza: él calma la tormenta (Mat. 8:23-27); tiene poder sobre los demonios: él libera a los endemoniados (vers. 28-33); tiene poder “sobre la enfermedad y las dolencias”: él sanó al paralítico y a la mujer con una hemorragia (vers. 1-9, 20-22); y poder sobre la muerte: resucitó a la hija de Jairo (vers. 18, 19, 23-26). Haciéndolo personal, Jesús tiene poder sobre las tormentas en nuestras vidas, sobre los demonios en nuestras vidas y sobre los desórdenes (cualquiera que sea su tipo) que nos afligen.
¿Qué lecciones podemos aprender de Mateo 8:23 al 27?
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En ciertas mitologías antiguas, el agua era considerada como un enemigo que Dios vence. “Para Israel, las aguas furiosas y desordenadas simbolizaban los poderes que se oponen a la soberanía de Dios”.–The Interpreter’s Dictionary of the Bible, t. R-Z, p. 809. La reacción de los discípulos de Jesús debería también ser la nuestra: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mat. 8:27). En cierta forma, su exclamación recuerda una declaración que hay en el primer capítulo de Isaías, donde Dios llama al cielo y a la tierra como testigos de la rebelde determinación de su pueblo: “El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Isa. 1:3). De toda la creación, su pueblo es el único desleal. Así que, aquí podemos bien preguntarnos si somos las únicas entidades de la naturaleza que se resisten a Jesús. Los vientos y las olas le obedecen. ¿Y nosotros?
Lunes 28 de abril LA ABSOLUTA MARAVILLA DE ELLO
No es frecuente que uno preste atención a los encabezamientos de las secciones y los capítulos en las versiones modernas de la Biblia que los tienen. Pero una, en Mateo 9, en la Nueva Versión Internacional, llega a estar muy cerca de una descripción amplia de las maravillas de las obras de sanidad, misericordia y poder de Jesús. “Una niña muerta y una mujer enferma”, dice. Las palabras describen el desafío que constantemente confrontaba al Salvador durante su tiempo con nosotros; no es la clase de desafíos que uno podría pasar sin ser advertido. No obstante, Jesús afrontaba todos. Ese día, la niña muerta volvió a vivir; y la mujer que sangraba, después de doce años de miseria, tuvo un gran reinicio en su vida.
Reflexiona sobre los siguientes pasajes (o, por lo menos, tantos como puedas). No escribas nada. Sencillamente, asómbrate por la absoluta maravilla de todo ello, por el asombroso Salvador que tenemos. Mateo 9:27-34; 12:22, 23; 14:25-31, 34-36; 15:29-31; 20:29-34; Marcos 2:1-12; Lucas 6:19.
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Para captar el poder pleno de estos pasajes, uno debe tomarlos lentamente, tratando de capturar el ambiente original en que sucedieron. En Mateo 12:22 y 23, por ejemplo, el hombre que trajeron a Jesús era ciego y mudo. Cierra tus ojos y pon un dedo sobre tus labios por un momento, y trata de imaginarte la condición de ese desafortunado. En esa condición no sabes qué hay alrededor de ti, y no puedes preguntar. Pero el mismo hombre se encuentra con Jesús, y sale de su santa presencia con los ojos bien abiertos y con su lengua libre de ataduras, alabando a Dios.
Qué diremos de Mateo 15:30 y 31: “Se le acercaron grandes multitudes que llevaban cojos, ciegos, lisiados, mudos y muchos enfermos más, y los pusieron a sus pies; y él los sanó. La gente se asombraba al ver a los mudos hablar, a los lisiados recobrar la salud, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y alababan al Dios de Israel” (NVI). Hasta llegó a ser mejor todavía. Mateo 14:34 al 36 y Lucas 6:19 nos dicen que la “gente procuraba tocarlo, porque de él salía poder que sanaba a todos” (Luc. 6:19, NVI).
Jesús prometió que sus seguidores harían cosas mayores que las que él hizo. ¿Qué significa eso? ¿Por qué no vemos tales maravillas de curaciones y restauraciones hoy en día? O, en algunos lugares, ¿las estamos viendo? ¿De qué manera el ministerio de curación de la iglesia se compara con el ejemplo que estableció Jesús? ¿De qué modo puedes, como persona en tiempos modernos, ayudar a continuar con el ministerio sanador de Jesús?
Martes 29 de abril EL MOTIVO DETRÁS DE ELLO (Mat. 4:23-25)
En la década de 1980, investigadores ocultos realizaron una operación sobre ciertos televangelistas estadounidenses. Notaron que junto con invitar a la gente a enviar sus pedidos personales de oración al canal de televisión, estos predicadores realizaban apelaciones urgentes para que incluyeran un donativo “para mantener el programa en el aire”. Los investigadores querían saber qué pasaba con esas donaciones y esos pedidos de oración. Lo que descubrieron los sacudió. El personal de los televangelistas iba a la oficina del correo, recogía las cartas enviadas por los oyentes, las abrían allí mismo, retiraban las donaciones, y luego arrojaban los pedidos de oración en el recipiente para la basura en la oficina postal. En el pasaje clave indicado arriba, leemos que Jesús atravesaba toda la región de Galilea, y grandes multitudes lo seguían por todas partes. Y, cuando Mateo regresa al mismo tema en el capítulo 9, añade una dimensión crítica que distingue para siempre los motivos de Jesús de los de esos charlatanes de las ondas en el aire.
Lee Mateo 9:35 y 36. ¿De qué modo describe el motivo que impulsaba el ministerio de Jesús?
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La palabra compasión viene de una palabra griega (splágjnon) que se refiere a las “partes interiores”, “entrañas”, consideradas como el asiento de las emociones en el mundo antiguo. La compasión va más allá de la simpatía (que puede ser meramente intelectual). La compasión viene del interior, del corazón, y aun de las entrañas.
Esto era lo que Jesús tenía. Para él, recibir el dinero de la gente y arrojar sus pedidos de oración, que rompen el alma, al recipiente de la basura en la oficina postal, hubiera sido inconcebible. Una y otra vez en los evangelios, la cualidad de la compasión describe la actitud de Jesús hacia la gente. Un leproso le suplicó: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús, “movido a compasión”, extendió la mano y tocó al hombre: “Sí quiero. ¡Queda limpio!” (Mar. 1:40, 41, NVI; compara con Mat. 20:29-34; Mar. 10:46-52).
Si puedes imaginarte a alguien haciendo todo esto sin ningún pensamiento de ganancia personal, que nunca creyó que lo que hacía sería tomado por la prensa, o por lo menos que se vería bien en un currículum vítae, sin absolutamente ningún pensamiento de ganancia personal alguna, entonces estás pensando en Jesús. L La fuerza única que lo impelía era el amor, amor de las entrañas, amor de su interior. Los evangelios lo llaman compasión. ¿Hasta qué punto esta compasión apuntala tus sentimientos y tus acciones hacia otros?
Miércoles 30 de abril SEÑALES DE UN NUEVO DÍA (Mat. 11:2-6)
Desde su celda de prisionero, Juan el Bautista envió un mensaje urgente a Jesús: “¿Eres tú aquel había de venir, o esperaremos a otro?” (Mat. 11:3). Para el lector de los evangelios, es una pregunta sorprendente e inesperada. ¿No era este el mismo Juan que con tanta confianza anunció que Jesús era el Mesías a orillas del Jordán (Juan 1:29-36)? Y ¿por qué plantearía esta pregunta precisamente después de que él había oído “en la cárcel, los hechos de Cristo” (Mat. 11:2)? Sin embargo, lo importante para nuestro estudio aquí es la respuesta de Jesús: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (vers. 4, 5).
El mensaje codificado de Jesús a Juan era que su ministerio era la señal del amanecer de un nuevo día; el Mesías, realmente, había llegado. Seguramente en la mente de Jesús estaban las profecías mesiánicas gloriosas del libro de Isaías, entre otras.
Lee Isaías 29:18 y 19; 35:5 y 6; y 61:1 al 3. ¿De qué modo se relacionan estos pasajes con el ministerio de Jesús? ¿Por qué crees que Juan y otros fueron lentos para darse cuenta de esto?
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La idea del ministerio de Jesús como el cumplimiento de la profecía y el amanecer de la edad mesiánica aparece claramente en la interpretación que da Mateo a los eventos, en la forma en que ubica las actividades de Jesús en el contexto más amplio del mesianismo: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias” (Mat. 8:17, citando a Isa. 53:4). Vemos la misma idea desarrollada en la descripción resumida de Mateo acerca del ministerio general de Jesús: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:35, 36; ver también Mat. 4:23-25).
Mirando hacia atrás, nos maravillamos de cómo Juan y otros pudieron haber sido tan lentos para ver quién era Jesús. Por supuesto, la mirada hacia atrás es siempre muy clara. ¿Qué sucede hoy con nosotros? ¿Cómo podríamos estar igualmente ciegos a lo que son verdades obvias? Pero, más importante, ¿cómo podemos cambiar?
Jueves 1º de mayo SEÑAL DE LA RESTAURACIÓN FINAL (Hech. 3:19-21)
La maravillosa curación del hombre poseído por el demonio, que era ciego y mudo, en vez de generar aleluyas de parte de los fariseos, trajo en cambio una acusación: “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mat. 12:24). De este modo, Jesús fue impulsado a dar una explicación educativa del significado de lo que estaba sucediendo: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios”, rechazando así la inferencia de los fariseos, “ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (vers. 28).
La declaración es importante, siendo que en la enseñanza de los evangelios el Reino de Dios no solo es una realidad presente (como es evidente, en forma más directa, en la declaración citada), sino también es una realidad futura (ver Mat. 26:29; Luc. 23:42; Juan 18:36).
Esto significa que las obras de Cristo también apuntaban hacia adelante, a la restauración final. Cuando Jesús aplicó la profecía fundamental de Isaías acerca de sí mismo durante la lectura de los rollos en la sinagoga de Nazaret (Luc. 4:18, 19), él estaba proclamando mucho más de lo que ocurriría en los breves tres años y medio de su propio ministerio terrenal. “El año agradable del Señor”, volviendo atrás, al antiguo Jubileo, era un anuncio de la inauguración del Reino de Dios, comenzando con la venida del Mesías, y alcanzando hasta la consumación final, cuando todos los prisioneros hayan sido puestos en libertad, toda visión restaurada, toda opresión eliminada, y cuando el gozo saturaría el cosmos entero.
¿Que nos enseñan los pasajes siguientes acerca de la relación entre el ministerio de Jesús y la restauración final? Marcos 5:35-42; Lucas 7:11-15; Juan 11:38-44; Hechos 3:19-21.
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La señal más poderosa del reinado del pecado es la muerte. Y la restauración de la vida por Jesús, durante su ministerio, apuntaba hacia el día final, cuando la muerte ya no será más. “[Yo soy] el que vivo”, dice el Cristo resucitado en la visión apocalíptica de Juan, “y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos [...]. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:18). Aquellos a quienes Jesús había restaurado a la vida durante su ministerio, todos sucumbieron a la muerte otra vez. Pero Jesús miraba más allá de eso, a la restauración final, cuando “se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Cor. 15:52).
¿Cuán esencial es la esperanza de la resurrección? ¿Qué tenemos sin ella? ¿Qué razones tienes para confiar en la promesa de Dios de que un día destruirá la muerte para siempre?
Viernes 2 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Examina la siguiente declaración. ¿De qué manera se relaciona con la lección de esta semana en general? ¿Ves áreas de tensión? ¿O plantea el mismo punto general de una manera diferente? Aquí está: “Los evangelios están llenos con los informes de los milagros de Jesús, pero sería un error poner nuestro énfasis allí. Por un lado, Jesús mismo no puso énfasis en ellos; casi todos ellos fueron realizados en forma silenciosa, lejos de la multitud y como demostraciones del poder de la fe. Obtenemos una mejor perspectiva de las actividades de Jesús si ponemos el énfasis donde uno de los discípulos lo puso. Una vez, al dirigirse al grupo, Pedro encontró necesario resumir la vida de Jesús, y dijo: “Anduvo haciendo bienes”. Moviéndose en forma fácil y sin afectación entre la gente común y los desajustados sociales, sanándolos, aconsejándolos, Jesús anduvo haciendo bien. Lo hizo así con tal efectividad sincera que los que estaban con él constantemente encontraban que su estimación de él se modulaba en otro tono. Se encontraron pensando que si la bondad divina había de manifestarse en forma humana, de este modo debía comportarse”.–Huston Smith, The Illustrated World’s Religions, p. 210.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Elena de White dijo que “la gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella”. Ella habló de un impulso vigoroso y mundial al acercarse el fin, y dijo que “se realizarán milagros, los enfermos sanarán, y signos y prodigios seguirán a los creyentes” (CS 669, 670). ¿Cómo ves que esta profecía se ha de cumplir? ¿De qué modo visualizas tu propia participación en ella? ¿Qué lugar ocupa tu iglesia local en todo esto? ¿Qué cosas puedes hacer a fin de prepararte para ese tiempo?
2. Supón que alguien apareciera haciendo milagros sorprendentes, como los hizo Jesús, milagros que testifican que son claramente sobrenaturales. ¿Cómo podrías, o deberías, responder?
3. Trae a la clase tu respuesta a la pregunta del lunes sobre milagros modernos, y analiza las respuestas de todos y las razones para ellas.