
Mark Hauser, profesor de psicología de la universidad de Harvard y autor de Morla Minds, lleva adelante un estudio sobre la moralidad innata en el ser humano. Es lo que algunos denominan la “moralidad genética” o “moralidad biológica”.
Según Hauser, todo ser humano comparte unos principios universales e inconscientes que subyacen a nuestros juicios sobre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal.
Las diferencias culturales o religiosas afectan a nuestro comportamiento ante dilemas morales concretos como, por ejemplo, la pena de muerte. Pero no interfieren tanto en cómo los valoramos de una forma abstracta, i.e. pensamos que matar es malo. En esto todos los humanos compartimos una innata lógica común.
Por lo dicho hasta aquí, gran parte del colectivo científico se frota las manos señalando que se ha encontrado el origen orgánico o biológico de lo que denominamos moralidad, o conciencia del bien y del mal.
Yo quisiera indagar al hecho común de ese concepto del bien y del mal innato en el ser humano como una cualidad que nos diferencia del resto de criaturas. El hecho de que exista esa conciencia que nos hace enfrentar la realidad con una moralidad, nos lleva al hecho religioso, a trascender buscando respuestas abstractas como nuestro origen y nuestro destino.
El hecho de descubrir una moralidad biológica, es una evidencia inversa al proceso que se suele señalar. No existe una búsqueda de Dios (creación de un dios) por el deseo o necesidad moral biológica, sino que, para mí, Dios nos creó con esa necesidad moral para una mejor convivencia, y por lo tanto, con un deseo innato de buscarle de nuevo aún estando separados de él por el pecado.
Pablo ya habló de este concepto, aunque en otros términos, llamándolo “conciencia”:
“dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos” (Romanos 2:15).
También habló Pablo de la individualidad de la conciencia, a pesar de ser un hecho común a todo ser humano, llegando a conclusiones parecidas a las de Mark Hauser:
“Me refiero a la conciencia del otro, no a la tuya, pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?” (1 Corintios 10:29).
Ante la divulgación de estas investigaciones, sólo puedo decir: “¡Qué maravilloso Creador!” (What a wonderful Maker).
(Canción de Jeremy Camp).













































