Blog Adventista

13, Marzo, 2009

A propósito de “chorreos” y "comidas"

Archivado en: Espiritual, Jesus, Perfeccion, Sociedad — johada @ 8:06 am
No se puede hablar antes de tiempo. No es bueno alardear de algo que no ha ocurrido, por muy seguro que estés de tus propias fuerzas, porque el rival al que te enfrentas también las tiene. Dos presidentes de dos clubes históricos de la primera división del fútbol español han caído con todo el equipo por sus palabras precipitadas e impulsivas.
Lo mismo sucedió con Pedro, el apóstol sincero pero impulsivo. Dijo: ¡Señor te seguiré hasta la muerte! Jesús conociendo perfectamente a Pedro y sabiendo que la vida es larga y que, en realidad, Pedro no se conocía a sí mismo le dijo: ¡Ay, Pedro, no cantará el gallo dos veces que tú ya me habrás negado tres! Y así sucedió, Pedro fue “chorreado” por su engañosa convicción acerca de sí mismo. Negó al Señor. Se avergonzó de él. Tuvo miedo a que lo identificaran con aquel a quien habían prendido en el huerto de Getsemaní delante de sus narices. La idea de ser detenido y ajusticiado por causa de Jesús le pareció un precio demasiado grande, un destino poco halagüeño, un final decepcionante.

Hablamos siempre de Pedro, pero el resto de sus compañeros en el discipulado también se “escaquearon”, para evitar “comerse el marrón”. Jesús les había advertido que Satanás les había requerido para zarandearlos (ver Lucas 22:31). Ellos habían subestimado el poder de Satanás. En otras palabras, estaban convencidos de que iban a “chorrear” a Satanás (ver Marcos 14:31), porque los últimos acontecimientos vividos al lado de Jesús así lo hacían presagiar (la transfiguración, la gran cantidad de milagros que habían visto, la revelación de la divinidad de Jesús en el mar tempestuoso, la resurrección de Lázaro, etc.).

Los presidentes del Madrid y del Sevilla, al igual que Pedro, miraban atrás y veían un Madrid 6 – Betis 1, y un Athletic de Bilabo 1 – Sevilla 2, respectivamente. Los buenos resultados en la liga doméstica les acompañaban y les hacían presagiar lo mejor. Estaban convencidos que unos iban a “chorrear” a los del Liverpool, y que los otros se iban a “comer al león (Athletic de Bilbao) de la cabeza a la cola”.

En la vida espiritual, al igual que en fútbol, nunca puedes cantar victoria hasta que no la consigues. “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Corintios 10:12). Que declaración tan cierta. Estar firme es bueno, es deseable y es lo que Dios espera de cada cristiano sincero y comprometido (ver p.e.: Romanos 5:2; 1ª Corintios 15:58; 2ª Corintios 1:24; Gálatas 5:1; Efesios 6:11; Colosenses 4:12; 2ª Tesalonicenses 2:15; Hebreos 10:23; 2ª Pedro 1:10). Pero ese cristiano firme no está exento de poder caer y ser presa de Satanás, de ese “león rugiente [que no el Athletic en este caso] que anda alrededor buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8).

A grandes éxitos a menudo le siguen grandes fracasos, porque todos sabemos que “lo difícil no es llegar sino mantenerse”. Por eso el consejo de Jesús para el cristiano es “permaneced en mí” (Juan 15:4). Esa es mi lucha. Esa es mi batalla. Si lo logro, y por cierto, que no es ninguna utopía, entonces la victoria es segura porque “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi” (Gálatas 2:20). Estamos llamados a hablar de la firme convicción en el poder de Dios, pero de nada valdrá eso si primero no lo experimento. Y cuando experimente el poder de Dios en mi vida, ese poder que “chorreó” (¿?), mejor venció a Satanás, entonces jamás me vanagloriaré de mis victorias espirituales sobre el pecado, ni pasadas ni presentes ni futuras, porque toda la gloria era, es y será siempre para mi Dios.

“A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin falta ante su gloria, con gran alegría, a Dios nuestro Salvador, el único sabio, sea la gloria y la majestad, el dominio y la autoridad, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 24, 25).

Definitivamente, ese algo que nos sobra es la autosuficiencia.

9, Marzo, 2009

Pesadillas

Archivado en: Espiritual, Jesus, Perfeccion, esperanza, perdón, resurreción, vida — johada @ 8:35 am
¿Alguna vez te has despertado sobrecogido y asustado tras haber sufrido el terror de una pesadilla? Y, sin duda, que bien te habrás sentido cuando inmediatamente compruebas que tan sólo ha sido eso, una simple pesadilla. Es cierto que a veces las “simples pesadillas” son lo que caracterizan nuestro descanso por estar viviendo una pesadilla en nuestra propia vida o porque hemos pasado por una experiencia traumática que puede catalogarse como de pesadilla.
Dios desea que nuestro descanso sea dulce y placentero, reconfortante y reparador. Dios desea para nosotros dulces sueños. Eso es, al menos, lo que la Biblia nos dice: “Dulce es el sueño del trabajador” (Eclesiastés 5:12; Cf. Salmo 127:2). También es cierto que en esta vida no todas las cosas nos irán siempre bien. Jesús no nos prometió que nos libraría de los problemas, de las injurias, de las penas, del dolor, etc. No, él nunca dijo tal cosa. Por el contrario, nos aseguró que en este mundo tendríamos problemas (ver Juan 16:33). Pero también nos dice: “confiad, yo he vencido al mundo” (Ibidem).

La victoria de Jesús sobre el mundo fue consumada en la cruz. Allí, en el monte Calvario, suspendido entre el cielo y la tierra, Jesús venció al pecado y a la muerte. Si analizamos la victoria de Jesús podemos darnos cuenta de algo muy importante. Él ha conseguido la victoria sobre dos factores generadores de pesadillas por antonomasia: 1. El pecado; y 2. La muerte (ver Romanos 8:3; 2ª Timoteo 1:10). Y tuvo que vencerlos enfrentándose a ellos y experimentando en su propia carne sus efectos devastadores. El apóstol Pablo nos dice que “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª Corintios 5:21). Es decir, Jesús se sometió voluntariamente a la peor pesadilla que un hombre pueda experimentar para que la humanidad pueda soñar.

¿En qué consistió esa pesadilla? Jesús enfrentó el pecado: la burla, el rechazo, el menosprecio, el ridículo, la soledad, la calumnia… enfrentó el deseo egoísta de gloria y riqueza… enfrentó el deseo de vivir una vida independiente de Dios y el poder que ese deseo innato ejerce en nuestras vidas y que se manifiesta dando forma a la “república independiente de mi mente”, y todo para saber como poder ayudar a aquellos que puedan estar pasando por pesadillas similares. Por eso, Él y sólo Él “es poderoso para ayudar a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

Por otro lado Jesús enfrentó y experimentó la muerte, la verdadera muerte, la muerte eterna. La Biblia nos habla de dos muertes: la primera muerte es la que todos tarde o temprano tenemos que sufrir y a la que Jesús denominó como de “sueño” (véase Juan 11:11-14), y la segunda muerte, que corresponde a la muerte eterna en sus consecuencias y que se contrapone a la vida eterna (ver Apocalipsis 20:6; Juan 5:28-29). La muerte de Jesús en la cruz nos libera de la segunda muerte. Es evidente que la muerte de Jesús no nos libra de la primera muerte: los creyentes siguen muriendo todavía en este mundo. Por lo tanto nos libra de la segunda muerte, es decir, de la muerte eterna (ver Hebreos 2:9). ¿Cómo puede ser esto así si él resucitó al tercer día? Porque la muerte eterna tiene que ver más con la experiencia que con un estado, aunque, lógicamente, la segunda muerte no dejará de ser un estado permanente e irrevocable. La segunda muerte, entonces, consiste en decir adiós a la vida y ser consciente, antes de perder la conciencia, de que ese adiós es definitivo. Jesús pasó por esta experiencia que nadie jamás, desde que el mundo es mundo, ha experimentado.

¿Podemos comprender en qué consistió la pesadilla de Jesús? ¿Podemos darnos cuenta de que sólo él puede solucionar las pesadillas que podamos estar sufriendo? ¿Podemos apreciar que nuestras pesadillas son temporales? Jesús nos ha librado ya del imperio de la pesadilla, es decir, del imperio del pecado y de la muerte (ver Hebreos 2:14, 15), y muy pronto podremos constatar esta sublime realidad cuando todos aquellos que murieron en Cristo proclamen: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón?” (1ª Corintios 15:55).

Lo increíble de todo esto es comprobar como muchos nunca comprendieron el amor de Dios manifestado en la cruz, o de lo contrario nunca hubieran impuesto su fe, nunca hubieran asesinado a aquellos que no creían, nunca hubieran hecho vivir a sus semejantes una brutal pesadilla, porque nunca se hubieran comportado como verdaderos “animales” de presa.

Nunca dejes de acudir al pie de la cruz, porque allí encontrarás a Cristo, el amor de Dios. Y mientras te encuentras al pie de la cruz, permite que tu mente sea capaz de visualizar a Jesús ofreciéndote su sueño: perdón, paz, restauración, sabiduría, eternidad… amor.

7, Enero, 2009

Una iglesia con propósito

Archivado en: Espiritual, Iglesia Adventista, Jesus, segunda venida — johada @ 10:32 am

Vivir con propósito es lo que se espera de un ser humano, y al mismo tiempo es lo que pocas veces se consigue. Nacemos, crecemos, nos desarrollamos, vivimos (¿?) y, finalmente, morimos. Para ser más exactos debemos decir que eso nunca es así para todos. Algunos nunca llegan a crecer demasiado, y muchos otros nunca llegan a desarrollarse como personas porque la muerte les alcanza antes de que eso pueda suceder.
Vivir con propósito es un lema que debe dar sentido a la misma existencia de cada persona que nace en este mundo. Pero sé que esto plantea un problema en sí mismo, a saber, ¿qué sentido tiene que nazcan seres humanos condenados a morir de inanición?, ¿qué sentido tiene que muchos vengan a la existencia para desaparecer o aún, en el peor de los casos, para vivir vidas miserables? ¿qué propósito puede haber en todo esto? Desde luego, la respuesta es clara, ninguno.

Dale la vuelta a todo esto, y pregúntate tú que existes y vives, tú que te has desarrollado como persona, tú que estás al otro lado de la pantalla, ¿qué propósito tenía la vida y la muerte de Cristo? ¿A caso Su existencia no tenía cómo único y final propósito dar sentido a la existencia humana rescatándola de la muerte eterna? Jesús vivió con un claro y nítido propósito: bendecir y salvar. Dios, en Cristo, pronto dará la vuelta al despropósito terrenal del que hablábamos antes, de manera que habrá un claro propósito de vida sin fin y felicidad celestial.

Vivir con propósito. Esto es lo que Cristo hizo y esto mismo es lo que se espera de cada uno de nosotros. Eso es lo que como cristianos sabemos que debemos hacer, pero ¿lo hacemos? Aparentemente si. Oramos, a veces más y muchas veces menos; leemos y estudiamos la Biblia regular e irregularmente; asistimos a la iglesia, unos para calentar banco (típico tópico), y otros para salvarla de la mediocridad y la tibieza cortando cabezas a diestra y a siniestra, y criticando muchas veces lo no criticable; llevamos un estilo de vida coherente con los principios bíblicos y, a menudo, cuando la situación “lo exige”, incoherente con la inspiración; y fundamentalmente, unos testificamos tímidamente de nuestra fe porque ya se sabe que en esta mundo secular nadie quiere escuchar hablar de Dios, y otros atropellan a sus semejantes con sus argumentos agresivos y martillean sus cabezas con los escritos inspirados, los canónicos y los más recientes (tú ya me entiendes).

Yo me pregunto y te pregunto: ¿Es esto vivir con propósito? Creo que la respuesta es clara: ¡No! Traslademos esta pregunta al cuerpo de la iglesia. Hagamos un estudio denominacional y corporativo de la situación actual y podremos darnos cuenta que el panorama no es más halagüeño que el anterior. Hablo en términos generales, porque ya sabemos que, afortunadamente, hay Danieles, Jobs y Noés en todas partes.

Precisamente quiero hacer mención de algunas citas pertenecientes a esta categoría de hombres que tienen una visión eclesiástica muy fina. Su experiencia, al menos a raíz de lo que escribe, refleja una vida con propósito, y aún más una iglesia con propósito. Una iglesia cuyo principal propósito es extender las buenas nuevas de salvación a toda nación, tribu, lengua y pueblo con un objetivo, con un propósito: apresurar la venida del día de Dios (2ª Pedro 3:12).

“Un padre que espera, hijos que vacilan…

A los pocos adventistas que aceptaron el mensaje del tercer ángel les llegó la carta de Laodicea con poder en la década de 1850. Cristo apareció en la puerta de sus corazones tratando de hallar entrada. La lluvia tardía estaba lista para ser derramada sobre un mundo necesitado. La victoria y el fin eran inmediatos. Dios le dio “al mensaje el tiempo para hacer su obra”. Los adventistas avanzaron un poco, y entonces descansaron satisfechos.

Un padre que espera, hijos que vacilan…

En Minneapolis, en 1888, el Espíritu revoloteaba, por así decirlo, preciosamente cerca. Una vez más había llegado “el tiempo para la lluvia tardía”. Se multiplicaron los avances por todas partes. Pero en lugar de “entrar en el lugar santísimo con Jesús”, demasiados creyentes permanecieron en el círculo de los dieciséis años de crisis.

Un padre que espera, hijos que vacilan. Ojalá pronto proclamen por doquiera el regreso del Señor, de manera que por fin pueda venir.” (MAXWELL, C. Mervyn. Dilo al Mundo, pp. 251, 257).

¿Con qué propósito vives tu fe? ¿Con qué propósito ministras en tu iglesia? ¿Vives con “el propósito por excelencia”: “apresurar la venida del día de Dios”, o la excelencia de la vida anula “el excelente propósito”?

24, Diciembre, 2008

El día olvidado

Archivado en: Espiritual, Jesus, navidad — johada @ 10:22 am
Ya es navidad. Una fiesta que para algunos reviste un especial halo de espiritualidad, y que para otros muchos es simplemente una fiesta más donde la familia, las cenas, las comidas abundantes y los regalos son los grandes protagonistas (nada malo en ello, por cierto). Que la navidad ha perdido su sentido más trascendente es algo que todos sabemos; unos, los cristianos, porque lo podemos comprobar año tras año, y otros, los no cristianos, porque cada año se reafirman más en su incredulidad.
A estas alturas de siglo, quien más quien menos, sabe que Jesucristo no nació un 25 de diciembre. Aunque eso poco importa, porque lo realmente importante es celebrar que nació. Y digo que poco importa saber la fecha exacta del nacimiento de Jesús porque la Biblia no lo especifica en absoluto. Lo que si podemos saber es que nació aproximadamente unos cuatro años antes de la fecha utilizada en el calendario gregoriano (el que utilizamos), y que probablemente fuera en septiembre u octubre, y no en diciembre.

Aún sabiendo que el 25 de diciembre, día en el que se celebraba el solsticio de invierno en las culturas celta y romana entre otras, es la fecha escogida por la tradición religiosa para celebrar el nacimiento de Jesús, no es motivo que me impida unirme a millones de cristianos que celebran la venida de Dios a nuestra tierra en carne humana para salvarnos del pecado y de la muerte eterna.

Pero, digo yo, ¡qué paradoja tan grande que el mundo cristiano celebre en un día incierto tan magno acontecimiento, y sin embargo deje de celebrar el sábado del cuarto mandamiento, día del que la Biblia habla y mucho! Precisamente fue Cristo, a quien el mundo cristiano celebra su nacimiento y adora, quien dijo del sábado lo siguiente: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado” (Marcos 2:28). Curiosa paradoja que dejen de celebrar la fiesta del sábado que el mismo Jesús vivió y celebró, y celebren a lo grande en fecha incierta su primer advenimiento a la tierra.

Claro, parece que lo importante no es tanto el día en cuestión sino el evento que se trae a colación. Así, si el 25 de diciembre es un día espurio al que se le atribuye un protagonismo que Dios en su Palabra no le concede, entonces no es de extrañar que también se le atribuya al domingo un protagonismo que desde luego el Señor tampoco le concede jamás en su Palabra.

Personalmente, no me importa que el 25 de diciembre no sea el día en el que nació Jesús, porque en este sentido no se nos da una fecha concreta para celebrar su nacimiento, y, por cierto, tampoco su muerte (se nos da un rito que es la Cena del Señor y el bautismo que celebra la muerte vicaria de Cristo y su resurrección). Por lo tanto, me siento libre para celebrar o no celebrar. Y eso supongo que será porque cada día recordamos que Dios vino a este mundo para morir por mi y por ti, por cada ser humano.

Pero si me importa, y mucho, apartar el sábado para adorar a Dios, porque Dios sí que ha manifestado claramente cuál es el día que el santificó y bendijo para ese fin. Y ese día, querido amigo, lo quieras aceptar o no, es el sábado y no el domingo. Desde luego que soy libre de aceptarlo o no, pero no es menos cierto que al guardar y respetar el sábado estoy adorando “en espíritu y en verdad” al Señor del sábado, Cristo, el único que me hace libre (Juan 8:36). Esta es la verdad que libera (Juan 8:32).

Que el sábado, al igual que la navidad, ha perdido su sentido más trascendente es algo que muchos cristianos sabemos, aquellos que lo guardamos, porque lo podemos comprobar cada semana, y aquellos que no lo guardan, porque es evidente que no le dan importancia.

Y tú, ¿le das o no le das importancia?

Cristo promocionó y vindicó la verdad. Otros promocionan y vindican la tradición. Esta Navidad es el día perfecto para descubrir la importancia de tan magno e importante día. Esta Navidad no dejes escapar, si quieres ser verdaderamente libre, la oportunidad de conocer la verdad sobre el sábado, una importante parte de la gran verdad del Evangelio, del Evangelio que Cristo vivió y predicó.

Por cierto, ¡Feliz Navidad!

15, Diciembre, 2008

¿Y si hoy fuera tu último día?

Archivado en: Espiritual, Jesus, perdón, vida — johada @ 10:01 am
“Mi mejor amigo me dio el mejor consejo. Me dijo que cada día es un regalo y no un derecho dado… Si hoy fuera tu último día, y mañana fuera demasiado tarde, ¿Podrías decir adiós al pasado? ¿Acaso no vivirías cada momento como si fuera el último, dejando las viejas fotos en el pasado, y donando cada moneda que tienes? Si hoy fuera tu último día. ¿Llamarías a los viejos amigos que nunca ves? ¿Perdonarías a tus enemigos? Porque no puedes rebobinar un momento en esta vida, no dejes nada en tu camino porque las manos del tiempo no las puedes controlar.”
Estas palabras introductorias son una traducción (espero que no traición), a la letra de una muy buena canción que puedes escuchar, si quieres. La letra (por cierto, la música también), merece mucho la pena. A uno le viene a la mente las palabras que el mismo Jesucristo dirigió a unos hombre que disputaban acerca de una herencia. Entonces Cristo hizo la siguiente declaración: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Luego les refirió una parábola cuyo protagonista era un hombre que había hecho fortuna y había decidido vivir del “cuento”. El protagonista recibió la siguiente amonestación: “¡Insensato! Esta noche vienen a pedir tu vida. Y lo que has guardado, ¿de quién será?” (versículo 20).

¿Para qué vivimos? Para amontonar dinero, para asegurar futuro brillante a nuestros hijos en el caso de que los tengamos, o para vivir despilfarrando y gastando en cosas que no necesitamos. En estos tiempos de crisis pocos son los que se pueden dar el “gusto” de despilfarrar. Y lo que para muchos sigue siendo un “privilegio”, lo de despilfarrar, para Dios es una maldición.

Aspiramos a vivir bien, a no pasar necesidades y eso es lícito y, por tanto, está bien desearlo porque Dios también lo desea. Pero no debe ser lo único que nos quite el sueño. Si hoy fuera el último día de tu vida, ¿cuantas cosas cambiarías? Si tu vida tuviera un límite, pongamos una semana, ¿cuántas cosas harías y cuantas dejarías de hacer? Todo depende de cuáles sean tus valores. Si tu vida está al margen de la vida de Dios, quizás procurarías obtener algún beneficio personal, como por ejemplo, viajes, comidas suculentas, ocio, entretenimiento, etc. Pero si en tu vida pudieras dar cabida a la vida de Dios, la experiencia que buscarías sería diferente. Sería la de buscar a Dios, poner tu vida en paz y poner paz a tu alrededor.

Se llamaba Pilar. Diagnosticada de cáncer con metástasis su principal anhelo era encontrar respuesta a la existencia humana, y Dios se la dio. La condujo a Su iglesia donde conoció a Su Salvador. Casi un año más tarde de esa trascendente experiencia (mucho más del tiempo que los médicos habían pronosticado para su muerte), murió en paz consigo misma y confiada en la vida que Cristo le devolverá cuando Él regrese en gloria y majestad. ¿Cuántas cosas cambió Pilar? Su carácter afable, su actitud positiva, sus ganas de vivir y ayudar dentro de sus posibilidades, impactaron positivamente mi vida, en unos momentos en los que era difícil que algo que no fuera la fiesta, el rock y el Barça pudiera hacerlo.

Recuerda que nunca sabes el momento. Nunca sabes que es lo que puede suceder mañana. Por eso vale la pena empezar a cambiar ya aquello que deba ser cambiado. Y ya sabes, que desde mi punto de vista, el cambio fundamental debe ser hecho en relación a Dios. Sólo Él, y esto es algo que la canción no dice, puede perdonar tus pecados y borrar tus errores. Sólo Él puede ofrecerte un futuro mejor. No desaproveches la oportunidad de poner tu vida en armonía con la vida por excelencia, Cristo, no sea que eso de: “¡Insensato! Esta noche vienen a pedir tu vida. Y lo que has guardado, ¿de quién será?”, es más, “Y lo que has conseguido por ti mismo hasta hoy, ¿de qué te servirá?”, sea una realidad de la que no puedas escapar.

Recuerda que al igual que el tiempo, la salvación tampoco está en tus manos sino en las manos de Cristo. La buena noticia es que Cristo está esperando con los brazos abiertos a que acudamos a él.

¿Y si hoy fuera mi último día?… Además de hacer todo o casi todo lo que dice la canción, yo y los míos nos hemos puesto en las manos de nuestro Salvador.

3, Diciembre, 2008

El peligro de la idolatría adventista

No es extraño que los compromisos con Dios se produzcan cuando uno tiene diez u once años. Por eso, cuando un matrimonio conocido llevó a su hija Melinda (seudónimo) de diez años a una reunión de evangelización a cargo de una de las figuras más significativas de la Iglesia Adventista actual, habían orado para que el Espíritu Santo obrara en su corazón.

La reunión fue un éxito. La “figura significativa” no podría haber estado mejor. Los padres de Melinda aguardaban para ver qué haría la niña al final del mensaje.

Para alegría de ellos, fue la primera persona en levantarse. Avanzó hacia el frente con tanta rapidez que llegó antes de que la “figura significativa” pudiera acomodarse delante del púlpito.

Fue allí cuando le pidió… ¡un autógrafo!

Este hecho no habla en contra de Melinda ni del predicador. Pero es, acaso, un pequeño indicador de que en nuestra iglesia existe la veneración de las celebridades.

Existen otros indicadores. Hace tiempo que los predicadores y pastores locales abandonan el púlpito cuando alguna “estrella” está de visita en la localidad. Como la ubicación geográfica de las “estrellas” se anuncia con antelación, resulta más patente el fenómeno de la congregación itinerante. Existe una tendencia de seguir a los “grandes nombres” hasta donde estén predicando.

Antes de la era del DVD, una organización adventista comercializaba grabaciones de oradores internacionales conocidos. El público tenía preferencia por tres predicadores; podríamos decir tres estrellas. Por una u otra razón, estos tres oradores hace tiempo que han dejado de tener parte en el escenario adventista. Parece que la celebridad los llevó a derribar límites de creencias o conductas.

Años atrás, David Shepherd, un conocido jugador inglés de críquet, fue hecho obispo anglicano de Liverpool. Yo mismo, tal vez encandilado, fui a escucharlo. Llegué justo para ver a Shepherd al frente de una procesión que salía por la nave principal de la catedral, llevando un enorme cayado. Al preguntarle por dicho cayado, realizó un comentario tímido y desaprobatorio de sus ropas de obispo y explicó que el cayado era un símbolo recordatorio de la naturaleza de su “verdadero trabajo”, haciendo un inevitable juego de palabras con su apellido, que en inglés significa “pastor de ovejas”.

En medio de la veneración de celebridades y el superficial mercantilismo religioso que a veces provoca, ¿podríamos utilizar un recordatorio de nuestro “verdadero trabajo” como pastores?

Un grupo de adventistas de Irlanda viajó a Inglaterra para un evento espiritual. Sin embargo, se manifestaron desilusionados “cuando la gente esperaba en fila para conseguir el autógrafo de un orador importante”.

¿Reconocemos esta veneración de las celebridades, mercantilismo religioso, o como queramos llamarlo? A algunos, sin embargo, en lugar de satisfacernos nos produce lo contrario.

¿Recuerdan lo que dijo Jesús cuando Santiago y Juan querían ser parte de las celebridades? En esa ocasión, percibieron claramente que las promociones en el reino de Dios no se obtienen mediante la autopromoción agresiva y que es Dios, y no nosotros, quien determina la distribución de los honores. Esa fue la razón por la que los otros 10 discípulos, que acaso se lamentaron por no haber solicitado los mejores lugares para ellos, se indignaron con Santiago y Juan. Esa fue la oportunidad que Jesús aprovechó para hablar acerca de sus ideas opuestas a las del mundo, respecto de la grandeza y el liderazgo.

“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:42-45).

La frase “no será así entre vosotros” se traduce correctamente como “no debe suceder esto entre vosotros”.

La iglesia no debe funcionar de la misma manera que otras organizaciones. Del principio al fin, la iglesia representa una sociedad alternativa donde los primeros son últimos y los últimos primeros. Dondequiera veamos las jerarquías y divisiones que la sociedad humana establece como algo normal, necesitamos recordar: “no será así entre vosotros”.

La Palabra dice que “todos” serán atraídos a Cristo cuando él sea enaltecido (véase Juan 12:32). ¡Esto no puede ser una realidad cuando en su lugar se enaltece al predicador!

Ese “engrandecimiento” inapropiado no es culpa del predicador. Es muy probable que él esté tratando de engrandecer a Cristo. El error se halla en la actitud de los oyentes hacia el predicador.

Jesús fue y es el Hijo del Hombre. Daniel profetizó que llegaría el tiempo cuando “todos los pueblos naciones y lenguas” lo servirían (Daniel 7:14). Y sin embargo Jesús, ese Hijo del Hombre que cumplió la profecía de Daniel, no vino para ser servido sino para servir. Al hacerlo, cumplió otra gran profecía del Antiguo Testamento: el Siervo Sufriente descrito en Isaías 42 y 53: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

El modelo de liderazgo servicial de Cristo debe ser imitado. No podemos, por supuesto, imitarlo en su rol específico de ser “rescate por muchos”; sólo Cristo lo hizo y ya no necesita ser repetido. Pero podemos imitarlo en su rechazo completo del interés propio, que lo preparó para elegir la muerte por muchos, antes que la gloria que le correspondía.

Esto requerirá que modifiquemos nuestras actitudes y conducta. No debemos colocar en un nivel prominente a los seres humanos. Idolatrar a los seres humanos los pervierte y los perjudica. Exaltemos a Cristo, y entonces todos serán atraídos.

Cristo tiene el mayor poder de atracción de todos los tiempos. Idolatrar a quienes lo glorifican, sólo puede obstaculizar el magnetismo del Salvador. Jesús no tiene por qué estar a la sombra del predicador. Es el predicador el que debe estar a la sombra de la cruz.

Artículo publicado por David N. Marshall en Adventist World bajo el título de “Veneración de las celebridades”.

14, Noviembre, 2008

Jesús Viene Otra vez

Archivado en: Espiritual, Jesus — johada @ 2:45 pm

En el vídeo que hay más abajo encontrarás la prueba de un gran Amor. La prueba de Alguien que te ama tanto como para pasar por todo ese dolor y sufrimiento para poder darte una segunda oportunidad.

Estando cerca del momento
Allí te conocí
Miro tu rostro y tu silencio
Sabré aprender de tí.
Tu cuerpo lento y maltratado
El mundo te golpeó
Sangre y lágrimas mezcladas
Fue tu sueño de morir
Fue tu sueño de morir

El cielo anuncia el momento
Que marcará el fin
La lluvia moja el sufrimiento
El cielo llueve al gemir
El Padre ve morir su Hijo
Ve su niño allí partir
El día se convierte en luto
Fue tu sueño de morir
Fue tu sueño de morir

Sangre y silencio fue el precio
fue el costo de mi vivir
no sabré cómo agradecerte
yo mi vida daré a ti.
En todo tiempo sere tuyo,
una ofrenda, me entrego a ti.
Tu sueño hoy se hizo vida
Tu sueño de morir.

Aunque no entienda el silencio
al dar tu vida por mi,
Ayúdame a pagar el precio,
quiero ser digno de ti.
Tu que estás allí en el cielo
Ayudame a vivir
Tu que pagaste por mi deuda,
que tu sueño viva en mi
que tu sueño viva en mi.

Sangre y silencio fue el precio
fue el costo de mi vivir
no sabré cómo agradecerte
yo mi vida daré a ti.
En todo tiempo sere tuyo,
una ofrenda, me entrego a ti.
Tu sueño hoy se hizo vida
Tu sueño de morir.
(bis)

Vivir en mi fue tu sueño de morir.
Tu sueño, tu sueño,
Tu sueño vive en mi.

¿Qué sueño vive en tu mente? ¿A qué dedicas tu vida en cuerpo y alma? Yendo más allá, ¿quién domina tus sueños? Puestos a que el sueño de otro sea mi ideal, prefiero el de Alguien que es capaz de dar su vida por la mía. Quien quiera que sea tu “ídolo”, pregúntante: ¿Dio su vida por salvar la tuya? Si no es así, no merece la pena. Sin embargo, si se sacrificó por ti, estoy seguro de que compartimos los mismos sueños, ideales y Amigo.

11, Noviembre, 2008

Los muros de la vergüenza

Archivado en: Jesus, Religión, Señales del Fin, Sociedad, esperanza — johada @ 9:45 am

Ayer en un informativo vespertino ampliaron una noticia que venían emitiendo desde hace unos días y que hacía referencia a los intentos que grupos de subsaharianos, llevan a cabo para saltar la valla que separa la ciudad española de Melilla del territorio del Reino de Marruecos. Esta noticia cíclica, ya que estos intentos se producen con cierta frecuencia, registra imágenes similares de personas harapientas trepando por las vallas ayudados de alguna suerte de pértiga y de escaleras muy rudimentarias y en el lado opuesto a la guardia civil repeliendo la intrusión con material antidisturbios.

La magnitud del drama mundial que se sustancia en estos segundos de televisión , y que nos es servido a la hora de la cena, apenas es comprendido por una sociedad obesa, con colesterol, diabetes y un largo etcétera de enfermedades producto de la sobrealimentación, empeñada hasta las cejas en casa, coche y perrito que me ladre y por supuesto en coma moral.

No nos vamos a detener en este momento a descifrar el quiénes, el por qué o el cómo de la situación de desequilibrio entre ricos y pobres por obvio (el que quiera oír que oiga) y a la vez por complejo ya que el sistema económico de los llamados países ricos promociona una filosofía de vida muy similar al del burro y la zanahoria (el que quiera entender que entienda).

Pero, y aquí es donde nos queremos fijar, el cristianismo sincero, aquél que no pretende más que seguir las pisadas de Cristo, tiene mucho que decir, ya que el cristianismo es la historia de romper muros y de tender puentes. Cuando el Hombre pecó se alzó un muro entre Dios y la raza caída, los muros siempre son cosa del Hombre. Y contra ese muro de separación y contra todos los muros que se han alzado, se están alzando y se alzarán incluyendo los de tipo económico y étnico, el ariete es el mismo: EL AMOR. Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna. Ama a tu prójimo como a ti mismo.

Ama, ama y ama y cuando creas que has amado lo suficiente sigue amando. Si este principio nos guiase no viviríamos rodeados de muros o de vallas de espino como son los prejuicios, el racismo, el maltrato… Si piensas que tu cambio de actitud no se notará, que el mundo debería cambiar pero tú eres como un grano de arena en el desierto, recuerda la máxima que dice: Antes de cambiar el mundo cámbiate a ti mismo. Mientras cambias, mientras dejas actuar a Dios en tu vida y le permites derribar el muro que te separa de Él ya has empezado a cambiar el mundo. Tu familia, amigos, compañeros de trabajo empezarán a disfrutar de alguien portador de paz y de esperanza.

29, Octubre, 2008

Lección 5 Para el 1º de noviembre de 2008 : Se anuncia la expiación

Archivado en: 2008 4 trimestre, Jesus, Plan de la Salvacion — johada @ 9:44 pm

Sábado 25 de octubre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Génesis 3:15; 22:1-18; Éxodo 32; 34:6-10; Daniel 9.

PARA MEMORIZAR:
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5).

PENSAMIENTO CLAVE:
Mostrar las diferentes formas en que Dios, siglos antes de la cruz, había anunciado su plan de salvación.

SIENDO QUE DIOS HA PROVISTO una solución a la mortal realidad y poder del pecado, inmediatamente anunció las buenas noticias a los seres humanos caídos. (¡El primer misionero en la historia cósmica no fue una criatura, sino el Creador mismo!) Dios también se aseguró que esta promesa, la de la redención, se mantuviera fresca y viva en sus mentes, porque quería que su pueblo estuviera listo cuando, por medio de la persona de Jesús, la promesa se hiciera realidad. A lo largo de toda la historia de su pueblo en el Antiguo Testamento, Dios creó instituciones y leyes directamente ligadas a su plan de salvación, y que ilustraban su operación. Por medio del sistema de sacrificios, el sacerdocio y aun el rey (este era un símbolo del Mesías), ellos podían esperar el sacrificio supremo, la venida del verdadero Sumo Sacerdote y el reinado del Rey mesiánico, por medio del cual se realizara el propósito salvífico de Dios.

Domingo 26 de octubre: UNA PROMESA A ADÁN Y A EVA

Repasa Génesis 3:1 al 15, concentrándote especialmente en el versículo 15. ¿Qué se indica en este versículo 15, y qué esperanza puede encontrarse allí para nosotros?
______________________________________________________________
______________________________________________________________

Los cristianos han encontrado, correctamente, en Génesis 3:15, una profecía del Mesías. Primero, el contexto de Génesis 3:15 indica que la serpiente es un instrumento del mal y de la rebelión contra Dios (Apoc. 12:9). En el Jardín del Edén, este poder maligno derrotó a Adán y a Eva, y extendió su dominio sobre los descendientes de la mujer.

Segundo, Génesis 3:15 anuncia la destrucción de la serpiente por la simiente de la mujer. Aquella “herirá” el calcañar de la simiente, pero la simiente “herirá” (“aplastará”, NVI) la cabeza de la serpiente. El verbo hebreo šûp (“herir”, “golpear”, “aplastar”) es el mismo en ambos lugares, lo que sugiere que la seriedad del ataque depende en parte del cuerpo atacado. El ataque contra la simiente (en el talón) no es fatal; la simiente, sin embargo, aplastará la cabeza de la serpiente, lo que indica su desaparición última.

Tercero, el sustantivo hebreo zera˓ (“descendencia”) generalmente designa “descendencia, posteridad, simiente”, en el sentido de descendientes como un grupo solo (p. ej.: 2 Sam. 7:12, 13). En Génesis 3:15, encontramos presentes ambos usos. Leemos acerca de los descendientes de ambos, la mujer (la iglesia fiel) y la serpiente/Satanás (sus seguidores), pero también de un solo descendiente masculino de la mujer (“esta”) que “te [singular] herirá en la cabeza”; es decir, la cabeza de la serpiente. Siempre que “simiente” designa a un descendiente específico, el pronombre que lo sigue está en singular. La “simiente” de la mujer es Jesús.

Lo que Génesis 3:15 sugiere es que tan pronto como el pecado entró en el mundo, el eterno plan de salvación de Dios, por medio de Cristo, fue puesto en ejecución. Adán y Eva no experimentaron la muerte eterna porque, desde la perspectiva divina, Cristo es el Cordero que “fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). Adán y Eva abandonaron el Jardín del Edén esperando el cumplimiento de la maravillosa promesa de la salvación.

Desde el mismo principio, el plan de Dios era el de redimirnos y destruir a Satanás. ¿Qué estás haciendo, día tras día, para aprovechar esta maravillosa provisión de modo que, cuando todo termine, estés entre los redimidos y no entre los destruidos? (Recuerda que, al fin, será una cosa o la otra.)

Lunes 27 de octubre: ABRAHAM VIO MI DÍA

Lee Génesis 22:1 al 12. ¿Cuál fue la naturaleza de la prueba a la que fue sometido Abraham? ¿Por qué Dios le pidió que hiciera esto? ¿Qué problemas profundos estaban aquí en juego?
______________________________________________________________
______________________________________________________________

Génesis 22 no nos informa por qué fue necesaria esa prueba, pero la razón parece estar relacionada con el pacto que Dios hizo con Abraham. En la relación del pacto, Dios esperaba de Abraham: “Anda delante de mí y sé perfecto” (Gén. 17:1). Esta era una norma que Abraham no siempre había alcanzado (Gén. 16:1-4; 20:1-10).

Isaac era el hijo de la promesa del pacto, y por medio de él Abraham había de bendecir al mundo; por eso, sin ese hijo, las promesas que Dios le había hecho al patriarca no se podrían haber cumplido. En un sentido, al pedirle a Abraham que lo sacrificara, Dios le estaba diciendo a Abraham que la relación del pacto había concluido y que las promesas especiales hechas a él habían terminado. Después de todo, Abraham no sería el instrumento de Dios para bendecir a todas las naciones de la tierra (Gén. 12:3). Pero Abraham reveló su fe y su compromiso con Dios, específicamente en su disposición a devolver el don de su hijo a Dios, confiando totalmente en su misericordia y gracia (Heb. 11:19).

¿Qué hizo posible que el pacto fuera renovado? Gén. 22:13-18.
______________________________________________________________
______________________________________________________________

Al pedirle a Abraham que sacrificara a su hijo, Dios estaba pronunciando una sentencia contra él y terminando así su propósito especial para él. Sin embargo, todo esto cambió de una manera radical cuando se ofreció un carnero en lugar de Isaac. Dios proveyó lo que Abraham necesitaba con desesperación, un animal para el sacrificio, que pudiera tomar el lugar de su hijo, haciendo posible que Dios renovara el pacto con él. El sacrificio humano (es decir, la muerte de un pecador) fue sustituido por la víctima sacrificial provista por Dios, no por Abraham. De este modo, Abraham vio el misterio del evangelio, o expiación sustitutiva, porque por medio de Jesús “será provisto [la ofrenda sacrificial]” (Gén. 22:14).

Nuestras mentes tiemblan al ver la fe de Abraham. ¿Qué cosas se te llama a sacrificar, por fe, ante el Señor? ¿Qué cosas podrías tener que entregar a fin de que las bendiciones del Pacto siguieran siendo tuyas?

Martes 28 de octubre: MOISÉS Y LA REVELACIÓN DE LA SALVACIÓN

¿Cuál fue la reacción de Dios ante el acto de idolatría del pueblo de Israel junto al Monte Sinaí? ¿Por qué fue tan fuerte? Éxo. 32:7-10.

Este acto de idolatría era un acto de rebeldía contra Dios, un rompimiento del pacto que Dios acababa de hacer con ellos. Como Adán y Eva, los israelitas quedaron en un estado de separación, y habrían perecido si no hubiera sido por la intercesión de Moisés en favor de ellos (Éxo. 32:11-14).

¿Qué dijo Moisés a Dios después del incidente? Éxo. 32:30-32. ¿Cómo se observa la promesa del evangelio aquí?
______________________________________________________________

Moisés no excusó al pueblo; les hizo muy claro a ellos que habían pecado contra Dios. Pero también les dijo que él se acercaría a Dios para pedirle que los perdonara. Moisés sabía que el perdón es muy costoso y que no debería ser confundido con la indiferencia al pecado (¡la reacción de Dios a su idolatría demostraba muy bien eso!). Moisés mismo llegó a ser el mediador del pueblo, su intercesor ante Dios, al procurar obtener para ellos la redención de su pecado. Él entonces hizo lo inconcebible: ¡se ofreció a sí mismo como medio de expiación! Estaba dispuesto a que su nombre fuera eliminado del libro de la vida (Éxo. 32:32; ver también Sal. 69:28; Fil. 4:3), si eso hacía posible que el pueblo fuera restaurado a la armonía con Dios.

Obviamente, Dios no podía aceptar esa oferta abnegada. La vida de Moisés no podía expiar el pecado.

¿De qué modo Dios resolvió finalmente el problema? Éxo. 34:6-10.
______________________________________________________________

Dios mismo se reveló a Moisés como un Dios perdonador. Este perdón incluía todo: “la iniquidad, la rebelión y el pecado” (vers. 7). La palabra hebrea traducida “perdonador” literalmente significa “que soporta”. La forma en que Dios trata nuestro pecado es eliminándolo de nosotros y soportándolo él mismo. Moisés no podía hacer eso; Dios ya había decidido que él mismo lo haría por medio de su Siervo. Lo que Moisés y los hijos de Israel necesitaban fue provisto por Dios.

¡Dios estaba listo para borrarlos por su idolatría! ¿Qué nos debería decir esta reacción acerca de cómo Dios considera el pecado? ¿Qué nos debería decir esto acerca de cómo debemos quitar el pecado de nuestras propias vidas?

Miércoles 29 de octubre: EL SIERVO DE DIOS

Lee Isaías 52:13 a 53:12. ¿Qué gran esperanza y promesa se encuentran aquí para nosotros?
______________________________________________________________

Estos versículos presentan uno de los pasajes más majestuosos del Antiguo Testamento. Esta sección establece, sin afirmarlo explícitamente, los límites y la falta de efectividad del sistema de sacrificios de los israelitas como medio de expiación (la eliminación de la barrera entre la humanidad y Dios.) El problema del pecado es tan serio que solo el Siervo de Dios podía resolverlo. El pasaje describe las experiencias tanto del pueblo como del Siervo.

El pueblo: El pueblo pasó por dos experiencias, una de incredulidad y juicio errado; la otra, de confesión y contrición. Inicialmente, el Siervo fue percibido como no atractivo, casi como un leproso (Isa. 54:14), y tenido “por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isa. 53:4). Como pareció que Dios lo había rechazado, ellos también lo despreciaron y rechazaron (vers. 3). Entonces, se dieron cuenta de que había un propósito divino en la experiencia del Siervo; que él estaba tomando sobre sí mismo los dolores y las enfermedades (vers. 4) de ellos. Él estaba llevando sus pecados y, como sustituto de ellos, él estaba muriendo por ellos. A la luz del sacrificio del Siervo, se vieron como realmente eran: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por sus caminos; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (vers. 6). Solo cuando miramos a la Cruz percibimos las distorsiones del pecado en nuestras vidas.

El Siervo: Las experiencias del Siervo fueron extremadamente dolorosas. Él se sentía solo, rechazado por todos (vers. 3), cargado con dolores y sufrimientos, y angustiado y afligido (vers. 7), y aun “cortado de la tierra de los vivientes” (vers. 8). No obstante, no había justificación por este trato, porque “nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (vers. 9). ¿Por qué estaba sufriendo esta persona inocente? Era porque Dios estaba presentando la vida del Siervo como una “expiación por el pecado” (vers. 10). Él estaba llevando las iniquidades del pueblo, muriendo en lugar de ellos para declararlos justos e inocentes (vers. 11, 12). Pero, después de su muerte sacrificial, él había de ver otra vez la luz (vers. 11, NVI), y sería “engrandecido y exaltado” (Isa. 52:13).

Esta descripción profética de la muerte sacrificial de Cristo fue ofrecida por Isaías como la única manera efectiva de expiar el pecado. Cristo llegó a ser lo que somos nosotros a fin de que nosotros pudiésemos ser restaurados al compañerismo con Dios.

Lee otra vez Isaías 52:13 a 53:12, prestando atención especial a todo lo que hizo Jesús por nosotros en la cruz. ¿Qué esperanza ves allí para ti mismo?

Jueves 30 de octubre: ANUNCIADO POR DANIEL

Lee Daniel 9:7 al 11. En su oración, ¿cómo describió Daniel la condición del pueblo?
______________________________________________________________

A fin de experimentar la sanidad divina y la liberación del pecado, primero debemos reconocer nuestra condición como pecadores y como violadores de la voluntad revelada de Dios. Un problema humano fundamental es nuestra falta de disposición para reconocer que hay algo seriamente mal en nosotros, que estamos en una necesidad desesperada de perdón y reconciliación con nuestro Creador. Aun los pecadores perdonados deben reconocer constantemente, como lo hizo Daniel, que tenemos una necesidad diaria de la gracia perdonadora de Dios.

¿Cuál es el pedido específico de Daniel a Dios? ¿Sobre qué base hace Daniel este pedido? Dan. 9:16-19.
______________________________________________________________

Una vez que nos damos cuenta de nuestra condición de pecadores, uno de los descubrimientos más importantes que podemos hacer con respecto a nuestra relación con Dios es que lo único que tenemos que hacer para recibir el perdón es pedirlo. Daniel dependía totalmente de la misericordia de Dios, de su maravillosa gracia, como la única salida de su condición de pecador.

En este capítulo también encontramos una profecía en la que Dios reveló no solo cómo planeaba atender el problema del pecado sino también el marco de tiempo dentro del cual eso iba a suceder, el cuándo (ver Dan. 9:24-27). El cómo era por medio de su Ungido, el Mesías, el Rey al cual todos los demás reyes de Israel apuntaban y representaban. El tiempo para su muerte sacrificial y la iniciación de su obra sacerdotal (el ungimiento del Santuario) se da en términos de las 70 semanas (490 años). El período profético va desde el año 457 a.C. hasta el año 34 d.C. Dios esperaba que su pueblo estuviera listo para la venida del Mesías. Lo que muestra esta profecía increíble, de una manera clara, es que Dios no solo está en el control absoluto de cada aspecto de su obra de salvación sino también él se asegurará que logre su propósito eternamente propuesto.

¿Cuán importante es que permanezcas sabiendo que, aunque hayas aceptado a Jesús como tu Salvador, tienes necesidad constante de su gracia perdonadora? ¿Es eso una amenaza a tu seguridad de la salvación, o una manera de afirmar esa seguridad? Indica razones para tu respuesta.

Viernes 31 de octubre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Sustitución instantánea: “El instante en que el hombre acogió bien las tentaciones de Satanás e hizo las mismas cosas que Dios le había dicho que no hiciera, Cristo, el Hijo de Dios, se colocó entre los vivos y los muertos, diciendo: ‘Caiga el castigo sobre mí. Estaré en el lugar del hombre. Él tendrá otra oportunidad’”.–“Comentarios de Elena G. de White” (1 CBA 1.099).

El sacrificio de Isaac: “El sacrificio exigido a Abraham no fue sólo para su propio bien ni tampoco exclusivamente para el beneficio de las futuras generaciones; sino también para instruir a los seres sin pecado del cielo y de otros mundos. El campo de batalla entre Cristo y Satanás, el terreno en el cual se desarrolla el plan de la redención, es el libro de texto del universo. Por haber demostrado Abraham falta de fe en las promesas de Dios, Satanás le había acusado ante los ángeles y ante Dios de no ser digno de sus bendiciones. Dios deseaba probar la lealtad de su siervo ante todo el cielo, para demostrar que no se puede aceptar algo inferior a la obediencia perfecta y para revelar más plenamente el plan de la salvación” (PP 150, 151).

Importancia de Isaías 53. “Este capítulo debiera ser estudiado. Presenta a Cristo como el Cordero de Dios. Los que están enaltecidos por el orgullo, cuyas almas están llenas de vanidad, debieran contemplar este cuadro de su Redentor y humillarse en el polvo. El capítulo entero debe aprenderse de memoria. Su influencia subyugará y humillará el alma contaminada por el pecado y enaltecida por la exaltación propia”.–“Comentarios de Elena G. de White” (4 CBA 1.169).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Repasa la lección de esta semana. Toma todo lo que en ella se enseña cada día y escribe un resumen de todo lo que podemos aprender acerca del plan de salvación y que Dios ha revelado en estos informes del Antiguo Testamento. Lleva contigo lo que aprendiste y compártelo con la clase.

2. Lee la primera cita de Elena de White copiada más arriba. ¿Qué nos enseña acerca del carácter de Dios? ¿Qué significa tener “otra oportunidad”?

3. Como clase, repasen la historia de Abraham sobre el monte Moria. ¿Qué otras lecciones puedes encontrar allí acerca de lo que significa vivir por fe?

RESUMEN:
Siglos antes de que Cristo estuviera sobre esta tierra, Dios nos dio promesas de salvación. Esas promesas fueron cumplidas en forma muy exacta. Queda la pregunta: ¿cómo deberíamos responder a la confiabilidad y la integridad de Dios como se revela en el cumplimiento de esas promesas?

13, Octubre, 2008

Te veo

Archivado en: Espiritual, Jesus — johada @ 1:16 pm
“Te veo, siempre eres fiel”, dice la canción. Pero… ¿le ves en la muerte, en la miseria, en el dolor, en el quebranto, en la hambruna, en la guerra, en la violencia de género, en la trata de blancas, en la extorsión, en la enfermedad, en los desastres naturales, en la pornografía de cualquier tipo? ¿Dónde está Dios? ¡No lo veo! ¡Una de dos: o no existe o no está! Cuantas veces he escuchado esto. Y cuántas veces no he deseado que la persona pudiera sentir y experimentar lo que yo siento y experimento, aquello que la canción de Jesús Adrián Romero expresa de manera magistral. Ciertamente, a veces resulta complicado ver a Dios, pero incluso en medio de situaciones tan duras, crudas y desagradables como las mencionadas puedo ver a Dios, ¡¡lo veo!!

¿Qué cómo es posible eso? No se trata de que pueda ver a Dios aprobando y bendiciendo las atrocidades y desastres mencionados, rotundamente no. Por el contrario, más bien lo veo sufriendo en su propia carne y esencia tales desastres y atrocidades, porque lo veo en la cruz del Calvario. Allí es donde veo a mi Dios sufriendo la penalidad del pecado, de todo lo mencionado arriba y más (ver Hebreos 2:9).

En la cruz veo a Jesús pagando el pecado del asesino, del violador, del extorsionador, del opresor, del miserable. En la cruz, al mismo tiempo, veo a Jesús dando esperanza a la víctima, al enfermo, al miserable, al que muere de hambre, al agredido, al ser humano, a mi y a ti. En la cruz veo a Cristo convirtiéndose en aquello que no era por naturaleza, para que esta raza humana degradada y desorientada pueda llegar a ser lo que él era y es (ver 1ª Corintios 5:21). ¡Qué increíble transacción!

No permitas que la miseria y desgracia humana en cualquiera de sus formas te desanime y te desoriente. Incluso en esos momentos lamentables y tristes, donde suelen aflorar los sentimientos de impotencia y frustración, podemos ver a Dios, a ese maravilloso Dios que fue colgado en una cruz. Los brazos de Cristo, en la cruz y fuera de ella, abrazan a toda la humanidad doliente, frustrada, cargada, agobiada, angustiada, amargada y equivocada. Esos brazos nos tocan para decirnos: ¡Mírame!

¡Ah¡ ¿Así de fácil? (Esta pregunta suele venir después de tal explicación) ¿Qué pasa con el crápula, el asesino, el violador, el mafioso, el…? Pasa lo mismo que pasa contigo. Si le puedes ver y reconocer serás convertido en aquello que no eres porque serás semejante a Aquel a quien estás mirando. Y si no lo ves, y por tanto, no lo reconoces, tanto el malo como el menos malo, seguirán, desgraciadamente, siendo eso más o menos malos.

Yo le veo, y ¿tú? Veo a un Dios que fue capaz de sufrir y morir con sus criaturas, en sus criaturas y por sus criaturas, para transmitir el mensaje que todo ser humano necesita: ¡Estoy por ti! ¡Incluso aunque a veces te pueda parecer que no! Cuando veas algo terrible que te deje perplejo, mira más allá del simple hecho. Transporta a tu mirada a un monte, al monte Calvario, y podrás ver a un Dios que se hizo uno con nosotros y consintió en morir en una cruz para que tu puedas vivir.

¿Todavía no le ves?

Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.