Blog Adventista

23, febrero, 2009

e-cumenismo o ser-vilismo

Es curioso como van cambiando las cosas, o mejor dicho como van evolucionando hacia nuevas estrategias. Y esto es cierto especialmente cuando hablamos del catolicismo, porque cuando revisamos la estrategia de la curia romana no podemos hablar de cambios (por el principio de infalibilidad papal), sino de evolución (cierto en todos los sentidos: el bíblico, en cuanto al evolucionismo vs. el creacionismo, y el político-religioso, en cuanto al ecumenismo).
El ecumenismo religioso es una estrategia bien diseñada y pensada para aglutinar a todas las confesiones religiosas cristianas bajo el seno de la Santa Madre Iglesia, entiéndase, la Iglesia Católica. Este nuevo planteamiento según el cual el catolicismo dejaba de tildar de “herejes” a los “otros” cristianos para llamarlos “hermanos separados”, pretende unirnos en puntos comunes de doctrina con la finalidad de que los puntos doctrinales no comunes sean considerados no ya como principios, sino más bien como meras formas litúrgicas particulares de cada denominación. Es sorprendente comprobar como esta estrategia papal no busca la verdad tal cual es en Cristo, sino que busca imponer sutilmente sus “verdades”, sus “visiones” y sus tradiciones sin base bíblica.

Los principios católicos del ecumenismo fueron formulados por el Concilio Vaticano II en 1964. Se pueden resumir en tres:

1. Cristo estableció su Iglesia sobre los Apóstoles y sus sucesores apostólicos, cuya cabeza visible y principio de unidad es Pedro y sus sucesores, los obispos de Roma.

2. Desde el primer siglo han existido divisiones entre los cristianos pero estos son en algún grado miembros de la Iglesia aunque no estén en comunión plena con ella. Poseen en diferentes grados la plenitud de gracia disponible en la Iglesia Católica.

3. Los católicos deben hacer todo lo posible para fomentar el movimiento ecuménico dentro de la verdad.

Sobre el primer principio ecuménico católico decir que Cristo estableció su iglesia sobre sí mismo, es decir, sobre la Roca (ver Mateo 16:18), la cual siempre es Cristo (ver 1ª Corintios, 10:4; Cf. Deuteronomio 32:4), y nunca Pedro, nombre que significa “piedra”. Los “sucesores” de Cristo, es decir su vicario, es uno, el Espíritu Santo (ver Juan 16:7-15). Los creyentes somos todos “real sacerdocio” como establece el mismo apóstol Pedro (ver 1 ª Pedro 2:9), y por tanto, sucesores, representantes de Cristo y embajadores de reconciliación (ver 2ª Corintios 5:17-21) quienes servimos en distintas funciones y responsabilidades.

Respecto al segundo principio, debo matizar que personalmente me considero cristiano y poseedor de la única gracia necesaria para alcanzar la salvación, la de Dios (ver Efesios 2:8; Tito 2:11). La iglesia de Cristo es “columna y baluarte de la verdad” (ver 1ª Timoteo 3:15). La iglesia, por tanto, es una entidad de origen divino que está asentada sobre Cristo y sobre su Palabra. Tengo serias dudas, por no decir, serias evidencias de que el catolicismo, como institución, cumpla con estos requisitos.

En el tercer principio estamos de acuerdo. Pero, ¿la oración de Cristo buscaba una unidad en el error o en la verdad? Cristo siempre se sometió al Padre. Su voluntad era hacer la voluntad del Padre y su vida fue una vida de completa y continua obediencia a la voluntad del Padre. Cuando él oró por la unidad de sus discípulos y de todos aquellos que creerían en él por la palabra de ellos, oraba para que estuvieran unidos en amor y en verdad: “Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). Cristo jamás fomentó el error ni el engaño, y por tanto no pide jamás que nadie sea uno bajo su nombre en el error. Hacer esto sería honrar su nombre en vano (ver Mateo 15:9). La pregunta ahora es: ¿las iglesias deben buscar la unidad en el error o en la verdad bíblica?

La actual división entre cristianos, según el anterior papa, «constituye motivo de “escándalo” para el mundo y de “daño” para la predicación del Evangelio». Esta visión particular de la “divisón”, sigue siendo sostenida por Benedicto XVI, y cada vez más por muchos otros cristianos de distintas denominaciones cristianas que parecen no darse cuenta de la falacia de semejante declaración. El verdadero escándalo consiste en hacer decir a Cristo lo que él nunca dice. Por tanto, el error doctrinal y la mentira constituyen, no ya un escándalo, sino una abominación para Dios de graves consecuencias (ver Éxodo 23:7; Apocalipsis 22:15).

Algo me dice (¿o debería decir “alguien”? Ver la parte final del artículo “Reciprocidad o libertad religiosa”), que esta estrategia tiene como finalidad dejar en mal lugar a aquel que no quiere entrar en este juego. Antes eran ellos los que excluían, perseguían y execraban a todo aquel que no quisiera someterse a sus postulados. Ahora la cosa es muy diferente. Somos aquellos que no queremos entrar en el juego los que nos colocamos como censores, acusadores y malos cristianos por no querer responder, según ellos dicen, a la oración de Jesús de que todos sean uno, es decir, todos los cristianos. La formulación del problema debería ser distinta porque la cuestión no es tanto, o mejor dicho, en absoluto, que algunos no quieran responder a la oración de Jesús de que todos seamos uno, sino más bien el problema reside en el hecho de que algunos no quieren someterse a sus principios ecuménicos erráticos.

Respeto y tolerancia para todos los cristianos siempre, ayer hoy y mañana, ¡siempre!, incluso para aquellos que queriendo vivir la verdad sin traicionar sus conciencias quieran vivir al margen de “la conciencia ecuménica vaticana” que más que ensalzar la Verdad de Cristo, ensalza a la “Madre Iglesia”.

26, enero, 2009

Rigor Mortis

“El 60% de los más de 340 lugares de culto que hay en la ciudad de Barcelona son de las religiones minoritarias, frente a las 141 parroquias que a día de hoy tiene la Iglesia Católica en la capital catalana, según el registro de lugares cúlticos que ha hecho el Centre Interreligiós de Barcelona (CIB), organismo oficial vinculado al Ayuntamiento, recogido por Ep.
Tras la Iglesia Católica, la segunda tradición religiosa con más lugares de culto abiertos en Barcelona son las iglesias protestantes y evangélicas, con 119.
A estos, hay que añadir los que tienen el resto de tradiciones en la ciudad que se proclaman herederos del mensaje de Jesucristo: 18 salones del reino de los Testigos de Jehová, ocho de las iglesias ortodoxas, cuatro de la Iglesia la Adventista del Septimo Día, dos capillas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (mormones) y uno de la Iglesia Cristiana Esenia.”
(ABC. es)

Que el rigor informativo respecto al mundo religioso es algo que brilla por su ausencia es, desafortunadamente, una obviedad. Y una vez más queda demostrado que ese rigor informativo más que vivo y audaz está muerto y es falaz.

¿Cómo se puede decir que los que se proclaman herederos del mensaje de Jesucristo son los testigos de Jehová, los ortodoxos, los adventistas, los mormones y la iglesia esenia? Yo me pregunto, ¿acaso los evangélicos y los católicos no se consideran herederos del mensaje de Jesucristo? La manera de informar y plantear las cosas, en este caso, es realmente desafortunada.

Alguien puede estar pensando: – Bien, ¿acaso es mentira que, como adventista que soy, me sienta heredero del mensaje de Jesucristo y por tanto así lo proclame? El problema no es si eso es cierto o no, sino la intencionalidad de desacreditar a las minorías cristianas que tienen presencia en la ciudad de Barcelona, como creo que es el caso.

No se realiza ningún comentario ni para bien ni para mal sobre católicos o evangélicos. Tan sólo se limitan a dar una información neutra acerca de la cantidad de lugares de culto. Sin embargo, cuando les toca el turno a las minorías cristianas se esgrime un comentario, a mi entender, del todo tendencioso: “…los que se proclaman herederos del mensaje…”. Es una fina manera de desacreditar la veracidad y autenticidad de esas minorías cristianas. Es como si se quisiera decir que estos, los minoritarios, como bien recalca el autor del artículo, son los que se consideran a sí mismos como los únicos, a pesar de que son de “menor número”.

No hace falta recordar a nadie, o quizás si, visto lo visto y leído lo leído, que la iglesia que tradicional e históricamente se ha proclamado como la única y soberana heredera del mensaje y liderazgo de Jesucristo es la iglesia católica. Es la única que se proclama como la sucesora de la iglesia apostólica y son los primeros que se atreven a decir que su líder es el representante de Dios en la Tierra, o como dijera el ínclito León XIII: “Ocupamos en la tierra el lugar de Dios Todopoderoso” (Encíclica, 20 de Junio de 1894, bajo el nombre de “The Great Encyclical Letters of Leo XIII”, p. 304).

Y qué decir de las numerosas denominaciones evangélicas. Todas ellas herederas de un espíritu de reforma y de vuelta a la pureza del evangelio. Todas ellas fruto de mucho sufrimiento, persecución y muerte, que algunos parecen haber olvidado, por causa de la iglesia que precisamente proclamaba y sigue proclamando que es la única, la verdadera, la madre de todas las iglesias, a las que antes llamaba “herejes” y ahora llama “separadas”.

¿Llegará el día cuando la información sobre asuntos religiosos será lo más imparcial posible? ¿Llegará el día cuando los prejuicios personales no nos delatarán? ¿Llegará el día cuando todas las confesiones cristianas serán tratadas con equidad y justicia? Ese día llegará cuando el informador recuerde que toda confesión cristiana que se precie de serlo siempre reclamará ser la heredera del mensaje de Jesucristo. A los demás, incluidos tu y yo, nos toca, siempre que queramos, comprobar si las reclamaciones propias de cada denominación cristiana tienen base bíblica o no.

12, enero, 2009

¿Publicidad preocupante?

Archivado en: Espiritual,Religión,Señales del Fin,Sociedad — johada @ 1:44 pm
“Probablemente Dios no existe… Deja de preocuparte y disfruta la vida”. ¿Cómor? Perdonadme esta osadía literaria y humorística propia del simpático Chiquito de la Calzada, pero es que no podía responder de otra manera tras leer el cartel que “probablemente” (palabra que significa que puede ser que algo sea así pero que no es seguro), circulará por las principales calles de las grandes ciudades españolas.
Hay varias cosas que surgen en mi mente y seguramente en la tuya también, como por ejemplo:
1. La existencia de Dios es algo que no puede ser metafísicamente probada, pero al mismo tiempo tampoco se puede demostrar que no exista.

2. ¿A que Dios hace referencia el anuncio? Al Dios de los cristianos, al Dios de los musulmanes, al Dios de los judíos, al Dios de Stephen W. Hawking (esa mente divina que ideó el Big Bang)…

3. Alguien da por hecho que conocer a Dios es causa de preocupación, y por preocupación debemos entender “fastidio”. ¿Cómo lo saben si no lo han experimentado? ¿Quizás por la experiencia de otras personas religiosas? En ese caso yo tengo en mente a muchas personas ateas que andan o andaban preocupadas. La preocupación no es algo propio de los cristianos y no es mala en sí misma si el objeto de dicha preocupación no es malo en sí mismo.

4. Dios no es malo, sino bueno. Por tanto, preocuparse por Dios no es malo, sino bueno. El problema no está en la existencia de Dios, sino en la interpretación que el ser humano hace de ese Dios.

5. Soy cristiano como ya habréis podido comprobar y, realmente, disfruto de la vida como el que más. Mis “límites morales cristianos” no hacen que disfrute menos de la vida. No hace falta mentir, robar, adulterar, codiciar, blasfemar, etc… para disfrutar de la vida. No es necesario tomar alcohol, drogas, o cualquier sustancia o alimento nocivo para disfrutar de la vida. Quizás el ateo moralista pueda pensar que él tampoco hace todo eso y no es cristiano. ¡¡Muy bien!! Entonces, ¿dónde está el problema? Es más, ¿porqué dicen “no te preocupes”? Intuyo que es por el tema de la perdición eterna y de la salvación eterna. Intuyo que pueda estar haciendo referencia al “chantaje moral” que el creyente consciente o inconscientemente hace al prójimo: “si no crees te perderás y arderás en las llamas del infierno”. Yo, como soy creyente, y no arderé en las llamas del infierno eternamente, no me preocupo. Pongo en práctica lo que dice el apóstol Juan: “En el amor no hay temor (preocupación que te conduce al miedo) (1ª Juan 4:18). Me preocupo y ocupo en ser como Cristo es. Como el ateo, evidentemente, no cree en la existencia de Dios, pues entonces tampoco tiene porque preocuparse. La preocupación, en ambos casos, está de más.

No me preocupa que alguien tome semejante iniciativa publicitaria, y no creo que preocupe demasiado a Dios. Lo que realmente me preocupa no es la incredulidad o ateísmo de otros semejantes. Eso es algo muy respetable. Lo que me “preocupa” o mejor dicho me ocupa es hacer crecer mi fe. Las Escrituras nos dicen: “Tu crees que Dios es uno; haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan” (Santiago 2:19). ¡Vaya! Estos si que están preocupados. Y lo están porque saben que están condenados. No niegan la existencia de Dios porque obviamente ellos lo han visto. Por tanto creen, pero esa creencia no les va a servir de nada.

Que pena sería, amigo cristiano que tu, que también crees que Dios existe, compruebes en el día de Jesucristo que tu creencia no ha servido de nada. La sola creencia en Dios no va a salvar a nadie como expone Santiago. Lo que salva es la fe de Jesús, y es nuestro privilegio tener esa clase de fe (ver Apocalipsis 14:12). Vale la pena que nos preocupemos por descubrir esa fe verdadera y la vivamos en nuestras vidas.

No, si al final va a ser que si que nos preocupamos… ¡Dulce preocupación!

11, diciembre, 2008

Cristo contra el crucifijo

Archivado en: Libertad Religiosa,Religión — johada @ 9:21 pm

Con el permiso del autor, reproducimos un artículo que creemos no tiene desperdicio alguno:

© Guillermo Sánchez Vicente
www.laexcepcion.com (3 de diciembre de 2008)

A Fernando Pastor, portavoz de la Asociación Escuela Laica de Valladolid

El 14 de noviembre de 2008 un tribunal de Valladolid ha dictado una sentencia que obliga al colegio público Macías Picavea de dicha ciudad a retirar los crucifijos exhibidos en sus aulas, a instancias de varios padres de alumnos que lo habían solicitado. Tanto la jerarquía de la Iglesia Católica Romana (ICR) como algunos otros miembros de esta organización han protestado contra esta medida y contra quienes la defienden.

Se ha hablado de “cristofobia” (cardenal Cañizares), de “odium fidei” (Juan Manuel de Prada), de “ateísmo de estado” (Cristina López), de “militancia agresiva”, una “especie de salida de la tumba de todos los intolerantes que propiciaron la persecución religiosa de la II República española” (agencia vaticana Zenit), de un “empeño de vaciar a una sociedad de su sustancia, de provocar una ruptura traumática” (José Luis Restán)… El ateo y anteriormente laicista Gabriel Albiac incluso habla de “campañas de divertida excursión al pasado” para desviar la atención sobre la crisis económica, ¡como si la sentencia hubiera sido dictada por el gobierno!

Se ha defendido la presencia del crucifijo por ser «un signo de nuestra cultura tan arraigado» (cardenal Carlos Amigo). El secretario general de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, ha afirmado que «la cruz es un signo de libertad y un signo de distinción entre el Estado y la Iglesia», porque «el que pende de la cruz es el que dijo “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”» (Religión en Libertad, 27.11.08). La Confederación de Federaciones de Asociaciones de Padres de Alumnos y de Familia de Andalucía (CONFAPA) comunica que no logra «entender qué aportación negativa tiene la presencia de Jesús en la escuela» (Zenit, 26.11.08).

Tanto los defensores de la presencia de los crucifijos como quienes postulan su retirada, dan por hecho que este objeto es un símbolo cristiano. Por la tremenda ignorancia religiosa de nuestro país, se asume que la Iglesia Católica Romana (en especial la jerarquía) y sus símbolos representan el cristianismo. Así, se entra en el juego de esta institución político-religiosa cuando algunos denominan “apostasía” al acto de darse de baja de sus filas. O cuando se atribuye a la religión cristiana las pretensiones hegemónicas de estos jerarcas, que en realidad representan valores absolutamente opuestos al mensaje de Jesús.

Por eso, más de uno se sorprenderá al leer que el crucifijo es un símbolo anticristiano. Seguramente las personas en general, y los cristianos en particular, nunca nos pondremos de acuerdo en la definición de lo cristiano. Pero de lo que nadie dudará es de que si algo define el cristianismo es el mensaje de Jesús; éste, a su vez, se inserta en un conjunto de escritos religiosos a los que las propias palabras y actuaciones de Jesús remiten permanentemente: la Biblia. La propia ICR reconoce a ésta como “Palabra de Dios”.

¿Qué dice la Biblia sobre el crucifijo? Por supuesto, no lo menciona como tal, pues las primeras representaciones de Jesús son muy posteriores a los escritos bíblicos. Pero respecto a las imágenes religiosas su posición es clara, hasta el punto de que uno de los Diez Mandamientos las prohíbe: «No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto» (Éxodo 20: 4-6). Este mandamiento iconoclasta ha sido suprimido descaradamente por la ICR (ver Una religión sin imágenes). Y es esta misma iglesia, con una teología y unas tradiciones tan anticristianas, la que se atribuye a sí misma la capacidad de definir lo que es cristiano.

Significado del crucifijo en edificios públicos

Se podría alegar que el crucifijo en lugares públicos no es un objeto de culto, y que por tanto ni incumple el mandamiento religioso, ni viola la aconfesionalidad del estado. Ciertamente, los símbolos son elementos escurridizos: sirven tanto para facilitar la comprensión de las realidades a las que se refieren, como para multiplicar las posibilidades de interpretación. Ahora bien, en el caso del crucifijo en edificios públicos hay algunos datos que señalan claramente cuál es su significado:

1) Representa a un personaje concreto, Jesús de Nazaret, considerado el Hijo de Dios por los cristianos. Evidentemente, cualquier sentido que se le quiera dar a su exhibición pública no puede ocultar esta realidad confesional.

2) Refleja un momento concreto: su muerte ignominiosa en la cruz. Esta muerte, según Pablo «escándalo para los judíos, locura para los gentiles» (1 Corintios 1: 23), significa sin embargo para los cristianos la redención y la vida. No estamos por tanto ante la simple representación de un personaje de mayor o menor aceptación, sino ante la plasmación de un mensaje teológico claramente confesional.

3) El crucifijo en sí es en cualquier contexto un objeto de culto. No consiste en una representación artística de la muerte de Cristo (aunque algunos crucifijos lo sean), sino que es un objeto venerado por los católicos: se postran ante él, lo besan, lo portan al cuello como signo de identidad o como amuleto… De modo que, en cuanto a representación icónica de la crucifixión, remite, no al cristianismo, que como hemos expuesto es contrario a las imágenes de culto, sino a una confesión concreta que, contra el mandamiento cristiano, recurre a él como objeto de culto. (Pese a que incurre en cierto tradicionalismo, es recomendable leer el artículo de De cruces y crucifijos de Plutarco Bonilla, para comprender la diferencia entre la cruz cristiana y el crucifijo romanista).

4) ¿Qué significado sociopolítico tiene el crucifijo? En la mayoría de los espacios donde se encuentra fue colocado en momentos históricos anteriores a la proclamación de la aconfesionalidad del estado por la Constitución Española de 1978. Y si se colocaron posteriormente fue en función de una tradición basada en la secular alianza de la Iglesia Católica Romana y el estado español. Durante casi toda su historia en España no sólo hubo una confesión oficial, sino que además ésta fue obligatoria y excluía la práctica de cualquier otra, incluso con la persecución inquisitorial. Durante siglos el crucifijo y la cruz han representado la implantación obligatoria, oficial y coactiva del catolicismo en todo el espacio público, la adscripción de un territorio a esta confesión. Y precisamente esta iglesia, cuya historia de connivencia con el poder absolutista o dictatorial resulta tan vergonzante, quiere mantener el crucifijo como “símbolo de nuestra cultura”, y apela a defender las “raíces cristianas” de las naciones europeas.

La exhibición de un crucifijo en un edificio público, compartido por personas que pueden tener las creencias más variadas (incluida la “increencia”), significa la consagración de ese espacio a una ideas religiosas determinadas; es decir, la imposición. Y si algún colectivo puede verse ofendido por el crucifijo, es precisamente el de los cristianos genuinos que, siguiendo el mandamiento, deploran la veneración de imágenes religiosas. Si bien la muerte de Jesús en la cruz tiene un gran significado para todo cristiano, su exhibición en el crucifijo como objeto de culto resulta blasfema para el seguidor de Jesús.

Cualquiera que lea los evangelios podrá comprender que si algo desagrada al propio Jesús de Nazaret es la imposición de su propio mensaje (ver por ejemplo Lucas 9: 52-56). Pero la pujante corriente neonacionalcatólica está dispuesta a hacer que toda la sociedad comulgue con sus planteamientos religiosos. Algunos argumentos de los tradicionalistas deslegitiman su propia posición, al desvelar claramente el significado confesional de este símbolo: «Jesús en la Cruz preside el aula porque en el estudio se ilumina con la verdad a los alumnos, y Él es la verdad inquebrantable, y la Ley de Dios no acepta relativismos», escribe Javier Tebas (Religión en Libertad, 26.11.08). Con tal descaro defienden la imposición de su “verdad inquebrantable” como forma de “iluminar a los alumnos”.

El escritor Juan Manuel de Prada plantea en estos dramáticos términos la eventual retirada de crucifijos de las aulas (Abc, 24.11.08): «A un niño le basta mirar al Crucificado para saber quién es y de dónde viene, también hacia dónde va; y basta apartar de su contemplación a ese Crucificado para que el niño no sepa lo que es y esté preparado para ser lo que otros quieren que sea. […] El propósito verdadero que anima a los apóstoles de la desesperación, cuando se ponen a quitar los crucifijos de las escuelas […] no es otro que despojar de sentido la transmisión cultural. A un niño que tiene ante sí una pared desnuda no le queda otro remedio sino aburrirse.» Uno se pregunta entonces qué calamidades se ciernen sobre la gran mayoría de los niños españoles en cuyas aulas no hay crucifijos, y por qué De Prada y su iglesia no se movilizan para que los crucifijos estén en todas las aulas españolas (esperemos no estar dando ideas…).

El portavoz episcopal Martínez Camino se pregunta: «Si se quitan los símbolos, ¿quién llenará ese espacio vacío?» (La Razón, 29.11.08). Sólo la pregunta denota su talante totalitario. La respuesta, además, es obvia: podría haber símbolos con los que nos identificáramos todos, y que reflejen ideales democráticos y de convivencia, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es más, no tiene por qué haber en las aulas necesariamente una presencia de imágenes simbólicas que definan el sentido último de la educación. ¿Acaso debemos someter todo a la iconocracia que ya inunda todas las esferas en que los niños se mueven? Este deseo de omnipresencia de la imagen es muy comprensible en la ICR, institución que tradicionalmente ha supeditado la palabra (la Biblia) a la imagen (estatuas, liturgia etc.).

Por supuesto, no podrían faltar quienes aprovechan la polémica para arremeter contra los musulmanes, haciendo referencia al consentimiento de que en las aulas haya alumnas que lleven velo. La diferencia es sencillísima de comprender: las personas, en cuanto sujetos de derechos individuales e inalienables, pueden portar aquellos símbolos con que se identifiquen. Los edificios públicos, en cuanto espacio compartido y aconfesional, deben ser neutros (ver Hoy contra el velo, mañana… ¿contra la libertad?). Nadie prohibirá a un alumno portar un crucifijo al cuello, lo mismo que no se exhibirán versículos del Corán ni se levantarán altares a Shiva en los colegios. (Por supuesto, en las aulas españolas se muestran imágenes religiosas de distintas confesiones asociadas a su valor artístico y cultural, en murales o láminas con finalidad pedagógica; entre ellas hay una mayoría de obras de arte católicas, incluidos crucificados. La diferencia de estas imágenes con el crucifijo es obvia).

El cura Santiago Martín escribe: «Si en vez de ser una cruz lo que hay que quitar de una pared hubiera sido la media luna islámica, otro hubiera sido el comportamiento de jueces y gobernantes» (Religión en Libertad, 28.11.08), palabras que reflejan un prejuicio disparatado; amén de que, con la actitud de estos confesionalistas, y siguiendo los criterios expresados por la ministra Cabrera (miembro de un supuesto gobierno “laicista radical”), según los cuales ha de ser cada consejo escolar quien decida sobre los símbolos religiosos, sólo se favorecerá que algún día la media luna islámica u otros signos presidan las aulas de algún centro público, por decisión de la mayoría. No permitir ahora ni crucifijos ni ningún otro símbolo es una salvaguarda de la neutralidad confesional del estado hoy y mañana.

Victimismo frente a cristianismo

La Junta de Castilla y León ha anunciado que recurrirá la sentencia. Su consejero de la Presidencia y portavoz, José Antonio de Santiago, ha pedido que se le explique la diferencia «entre que un crucifijo colgado en una pared vulnere los derechos fundamentales y no así el que aparece en la mesa donde los ministros y el presidente del Gobierno central juraron sus cargos» (El País, 28.11.08). Y hace bien en recordar este hecho, pues precisamente el 27 de mayo el Partido Socialista, votando conjuntamente con el Partido Popular, rechazó en el Congreso una iniciativa parlamentaria que proponía la eliminación de símbolos religiosos como el crucifijo o la Biblia de los actos de toma de posesión de los cargos públicos. Un dato más para concluir que, frente a lo que proclama la propaganda ultracatólica, el gobierno de Zapatero ha hecho más concesiones a la ICR que ningún otro en democracia (ver Beatificaciones polémicas y Las concesiones de Zapatero).

Al igual que desde la muerte de Franco se han ido retirando tranquilamente la mayoría de los crucifijos y símbolos nacionalcatólicos, la sentencia de Valladolid tendría que haber sido aceptada y acatada con la mayor naturalidad. Cuesta comprender que sean creyentes genuinos (y menos, “cristianos“) quienes desean que sus símbolos se impongan como símbolos de todos. Lo que podría haber sido un pequeño reducto de ultramontanos blandiendo crucifijos (los “batasunos del crucifijo”, como se ha escrito), se ha convertido en una oleada de apoyos a la presencia del objeto; todo un signo de los tiempos, cuya magnitud, una vez más, no será comprendida por la mayoría de los laicistas que creen que la imposición religiosa se irá batiendo en retirada en España. Esta polémica alimentará de nuevo el victimismo de la poderosísima jerarquía católica y de quienes la apoyan, y les permitirá dar unos cuantos pasos más hacia sus objetivos hegemonistas. Ya han rentabilizado con creces episodios anteriores (ver Tropas de asalto contra Educación para la Ciudadanía y La polémica sobre el matrimonio homosexual). Similarmente, la “derecha cristiana” estadounidense, cuya estrategia sirve de modelo a la variante española, califica de “persecución a los cristianos” la sentencia que retiró la oración obligatoria de todos los alumnos al principio de la jornada escolar.

Frente a lo que afirman sus defensores (y algunos de sus detractores), la presencia del crucifijo en edificios públicos no “hace a Jesús presente”, sino todo lo contrario. Si hay un sistema de ideas laicista por excelencia, éste es el cristianismo; el genuino, no la perversión del mismo que representan algunas iglesias, y en especial la vaticana (aunque con algunas limitaciones, lo expone muy bien Juan José Tamayo en su artículo El cristianismo, religión laica). Retirar estos objetos de culto de los edificios públicos supone defender el cristianismo. Jesús de Nazaret, quien se enfrentó a toda imposición, y quien precisamente murió en la cruz por oponerse a la alianza entre la tiranía política y la dictadura espiritual, jamás admitiría que una representación idolátrica de su figura se exhibiera por parte de las autoridades, por cuanto eso no favorece, sino todo lo contrario, la libre adhesión a su persona que él buscaba. El Jesús verdadero invita al seguimiento libre, no a la imposición.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
© LaExcepción.com

3, diciembre, 2008

El peligro de la idolatría adventista

No es extraño que los compromisos con Dios se produzcan cuando uno tiene diez u once años. Por eso, cuando un matrimonio conocido llevó a su hija Melinda (seudónimo) de diez años a una reunión de evangelización a cargo de una de las figuras más significativas de la Iglesia Adventista actual, habían orado para que el Espíritu Santo obrara en su corazón.

La reunión fue un éxito. La “figura significativa” no podría haber estado mejor. Los padres de Melinda aguardaban para ver qué haría la niña al final del mensaje.

Para alegría de ellos, fue la primera persona en levantarse. Avanzó hacia el frente con tanta rapidez que llegó antes de que la “figura significativa” pudiera acomodarse delante del púlpito.

Fue allí cuando le pidió… ¡un autógrafo!

Este hecho no habla en contra de Melinda ni del predicador. Pero es, acaso, un pequeño indicador de que en nuestra iglesia existe la veneración de las celebridades.

Existen otros indicadores. Hace tiempo que los predicadores y pastores locales abandonan el púlpito cuando alguna “estrella” está de visita en la localidad. Como la ubicación geográfica de las “estrellas” se anuncia con antelación, resulta más patente el fenómeno de la congregación itinerante. Existe una tendencia de seguir a los “grandes nombres” hasta donde estén predicando.

Antes de la era del DVD, una organización adventista comercializaba grabaciones de oradores internacionales conocidos. El público tenía preferencia por tres predicadores; podríamos decir tres estrellas. Por una u otra razón, estos tres oradores hace tiempo que han dejado de tener parte en el escenario adventista. Parece que la celebridad los llevó a derribar límites de creencias o conductas.

Años atrás, David Shepherd, un conocido jugador inglés de críquet, fue hecho obispo anglicano de Liverpool. Yo mismo, tal vez encandilado, fui a escucharlo. Llegué justo para ver a Shepherd al frente de una procesión que salía por la nave principal de la catedral, llevando un enorme cayado. Al preguntarle por dicho cayado, realizó un comentario tímido y desaprobatorio de sus ropas de obispo y explicó que el cayado era un símbolo recordatorio de la naturaleza de su “verdadero trabajo”, haciendo un inevitable juego de palabras con su apellido, que en inglés significa “pastor de ovejas”.

En medio de la veneración de celebridades y el superficial mercantilismo religioso que a veces provoca, ¿podríamos utilizar un recordatorio de nuestro “verdadero trabajo” como pastores?

Un grupo de adventistas de Irlanda viajó a Inglaterra para un evento espiritual. Sin embargo, se manifestaron desilusionados “cuando la gente esperaba en fila para conseguir el autógrafo de un orador importante”.

¿Reconocemos esta veneración de las celebridades, mercantilismo religioso, o como queramos llamarlo? A algunos, sin embargo, en lugar de satisfacernos nos produce lo contrario.

¿Recuerdan lo que dijo Jesús cuando Santiago y Juan querían ser parte de las celebridades? En esa ocasión, percibieron claramente que las promociones en el reino de Dios no se obtienen mediante la autopromoción agresiva y que es Dios, y no nosotros, quien determina la distribución de los honores. Esa fue la razón por la que los otros 10 discípulos, que acaso se lamentaron por no haber solicitado los mejores lugares para ellos, se indignaron con Santiago y Juan. Esa fue la oportunidad que Jesús aprovechó para hablar acerca de sus ideas opuestas a las del mundo, respecto de la grandeza y el liderazgo.

“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:42-45).

La frase “no será así entre vosotros” se traduce correctamente como “no debe suceder esto entre vosotros”.

La iglesia no debe funcionar de la misma manera que otras organizaciones. Del principio al fin, la iglesia representa una sociedad alternativa donde los primeros son últimos y los últimos primeros. Dondequiera veamos las jerarquías y divisiones que la sociedad humana establece como algo normal, necesitamos recordar: “no será así entre vosotros”.

La Palabra dice que “todos” serán atraídos a Cristo cuando él sea enaltecido (véase Juan 12:32). ¡Esto no puede ser una realidad cuando en su lugar se enaltece al predicador!

Ese “engrandecimiento” inapropiado no es culpa del predicador. Es muy probable que él esté tratando de engrandecer a Cristo. El error se halla en la actitud de los oyentes hacia el predicador.

Jesús fue y es el Hijo del Hombre. Daniel profetizó que llegaría el tiempo cuando “todos los pueblos naciones y lenguas” lo servirían (Daniel 7:14). Y sin embargo Jesús, ese Hijo del Hombre que cumplió la profecía de Daniel, no vino para ser servido sino para servir. Al hacerlo, cumplió otra gran profecía del Antiguo Testamento: el Siervo Sufriente descrito en Isaías 42 y 53: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

El modelo de liderazgo servicial de Cristo debe ser imitado. No podemos, por supuesto, imitarlo en su rol específico de ser “rescate por muchos”; sólo Cristo lo hizo y ya no necesita ser repetido. Pero podemos imitarlo en su rechazo completo del interés propio, que lo preparó para elegir la muerte por muchos, antes que la gloria que le correspondía.

Esto requerirá que modifiquemos nuestras actitudes y conducta. No debemos colocar en un nivel prominente a los seres humanos. Idolatrar a los seres humanos los pervierte y los perjudica. Exaltemos a Cristo, y entonces todos serán atraídos.

Cristo tiene el mayor poder de atracción de todos los tiempos. Idolatrar a quienes lo glorifican, sólo puede obstaculizar el magnetismo del Salvador. Jesús no tiene por qué estar a la sombra del predicador. Es el predicador el que debe estar a la sombra de la cruz.

Artículo publicado por David N. Marshall en Adventist World bajo el título de “Veneración de las celebridades”.

11, noviembre, 2008

Los muros de la vergüenza

Archivado en: esperanza,Jesus,Religión,Señales del Fin,Sociedad — johada @ 9:45 am

Ayer en un informativo vespertino ampliaron una noticia que venían emitiendo desde hace unos días y que hacía referencia a los intentos que grupos de subsaharianos, llevan a cabo para saltar la valla que separa la ciudad española de Melilla del territorio del Reino de Marruecos. Esta noticia cíclica, ya que estos intentos se producen con cierta frecuencia, registra imágenes similares de personas harapientas trepando por las vallas ayudados de alguna suerte de pértiga y de escaleras muy rudimentarias y en el lado opuesto a la guardia civil repeliendo la intrusión con material antidisturbios.

La magnitud del drama mundial que se sustancia en estos segundos de televisión , y que nos es servido a la hora de la cena, apenas es comprendido por una sociedad obesa, con colesterol, diabetes y un largo etcétera de enfermedades producto de la sobrealimentación, empeñada hasta las cejas en casa, coche y perrito que me ladre y por supuesto en coma moral.

No nos vamos a detener en este momento a descifrar el quiénes, el por qué o el cómo de la situación de desequilibrio entre ricos y pobres por obvio (el que quiera oír que oiga) y a la vez por complejo ya que el sistema económico de los llamados países ricos promociona una filosofía de vida muy similar al del burro y la zanahoria (el que quiera entender que entienda).

Pero, y aquí es donde nos queremos fijar, el cristianismo sincero, aquél que no pretende más que seguir las pisadas de Cristo, tiene mucho que decir, ya que el cristianismo es la historia de romper muros y de tender puentes. Cuando el Hombre pecó se alzó un muro entre Dios y la raza caída, los muros siempre son cosa del Hombre. Y contra ese muro de separación y contra todos los muros que se han alzado, se están alzando y se alzarán incluyendo los de tipo económico y étnico, el ariete es el mismo: EL AMOR. Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo único para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna. Ama a tu prójimo como a ti mismo.

Ama, ama y ama y cuando creas que has amado lo suficiente sigue amando. Si este principio nos guiase no viviríamos rodeados de muros o de vallas de espino como son los prejuicios, el racismo, el maltrato… Si piensas que tu cambio de actitud no se notará, que el mundo debería cambiar pero tú eres como un grano de arena en el desierto, recuerda la máxima que dice: Antes de cambiar el mundo cámbiate a ti mismo. Mientras cambias, mientras dejas actuar a Dios en tu vida y le permites derribar el muro que te separa de Él ya has empezado a cambiar el mundo. Tu familia, amigos, compañeros de trabajo empezarán a disfrutar de alguien portador de paz y de esperanza.

20, octubre, 2008

¡Encantados y encantados!

Archivado en: espiritismo,Espiritual,I.C.R.,Iglesia Adventista,Religión — johada @ 9:53 am

“Benedicto XVI puso este domingo al mundo en manos de María al visitar el santuario de Pompeya, en el sur de Italia. Uno de los momentos culminantes del duodécimo viaje pastoral a Italia se vivió cuando, tras haber celebrado la eucaristía en la plaza del santuario, dirigió la Súplica a la Virgen del Rosario… “Piedad hoy imploramos por las naciones descarriadas, por toda Europa, por todo el mundo, para que, arrepentido, vuelva a tu Corazón. Misericordia para todos ¡Madre de Misericordia!”… El Papa se dirigió a María diciendo: “Si tú no quisieras ayudarnos, porque somos hijos ingratos y no merecemos tu amparo, no sabríamos a quién dirigirnos”.
(www.zenit.org)

Me llama la atención, aunque no me sorprende, el empeño del Vaticano por promocionar la figura de la virgen María. Lo que realmente me sorprende es que Benedicto XVI diga, refiriéndose a María: “Si tú no quisieras ayudarnos… no sabríamos a quién dirigirnos.”

Visto lo que la Escritura dice en relación al estado de los muertos (véase también “Historias para no dormir”), y sabiendo que la Biblia es clara cuando dice que el único mediador entre Dios y los hombres es “Jesucristo hombre” (1ª Timoteo 2:5), sorprende y mucho que un teólogo de la talla de Joseph Ratzinger hable así. Realmente, ¡sabemos a quien dirigirnos! ¡A Jesucristo! Sólo me queda pensar que, a menudo, las visiones y los sentimientos asociados a éstas pueden ser más persuasivos que las claras enseñanzas de la Biblia.

¿Qué quiero decir con esto? Muy sencillo, leed y entenderéis: “’Además, el 13 de mayo de 1981 –hace ya 25 años– el Siervo de Dios Juan Pablo II sintió haber sido milagrosamente salvado de la muerte gracias a la intervención de ‘una mano maternal’, como él mismo dijo, y todo su pontificado ha estado marcado por lo que la Virgen había preanunciado en Fátima’, agregó el Santo Padre.” (www.aciprensa.com).

Pero me sorprende mucho más, muchísimo más, comprobar como personas a las que admiro y respeto profundamente, se dejan llevar por las vivencias o experiencias sobrenaturales y por los sentimientos asociados a éstas, en lugar de confiar en un “Así dice el Señor”. Parece que están encantados con su nueva luz, porque han sido encantados por alguien que se viste de ángel de luz.

No estoy en contra de la religión o espiritualidad emocional o visual. Tan sólo estoy en contra de que lo visual o emocional se anteponga a lo racional. Si lo racional no puede explicar lo visual o emocional, entonces por mucho que lo vea y lo sienta no es bueno, es decir, no viene de Dios.

Pero, ¿qué sucede cuando un líder cristiano, que no cree lo mismo que yo creo como adventista, me dice cosas que sólo yo y Dios conocemos y ora por mi vida? En primer lugar tenemos que recordar que Satanás también conoce las cosas personales de mi vida, y en segundo lugar que Satanás se disfraza de ángel de luz y sus ministros también (ver 2ª Corintios 11:14, 15), y todo esto puede suceder para hacerme creer que las creencias y la fe de ese líder cristiano son aceptables delante de Dios.

Que nadie se equivoque. No estoy diciendo que todos los ministros y líderes cristianos de otras denominaciones son “ministros de Satanás”, porque eso es algo que nos podría suceder a todos en un momento dado como le sucedió al apóstol Pedro (ver Mateo 16:23). Aunque no es menos cierto, que algunos no lo son sólo puntualmente, desgraciadamente. Seguramente este texto hará entender lo que intento expresar:

“Cuando se levante en medio de ti un profeta (alguien que habla de parte de Dios) o soñador de sueños, y te anuncie una señal o un prodigio (algo que te sucede o te sucederá), si se cumple la señal o el prodigio que él te anunció, y te dice: “Vayamos tras dioses ajenos- que tú no conoces- y sirvámoslos” (es decir, “vivamos una experiencia diferente de la que teníamos por buena”), no escucharás las palabras del tal profeta ni de tal soñador de sueños, porque el Señor, vuestro Dios, os está probando para saber si amáis al Señor, vuestro Dios, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.” (Deuteronomio 13:1-3).

Amigo y amiga, las visiones pueden venir, las sensaciones pueden manifestarse, los profetas o siervos de Dios pueden decirte cosas sorprendentes ¡¡¡que se cumplen!!!… Pero si la doctrina que dicta y enseña el tal “profeta” no es conforme “a la ley y al testimonio”, como dice el profeta Isaías “es porque no le ha amanecido” (Isaías 8:20). Si lo que hace ese líder no está de acuerdo con un “Así dice el Señor”, entonces no deberías “escuchar sus palabras”, en el sentido de ponerlas por obra.

No olvides, ante tales circunstancias, lo que el Vaticano parece haber olvidado e ignorado, que Dios te está probando para saber si realmente le amas. ¡No te dejes encantar!

2, octubre, 2008

Consejos paternales al candidato Obama

“La tradición polígama de los Obama y sus antepasados musulmanes -el padre abandonó la religión de Mahoma para abrazar las creencias de la Iglesia Adventista del Séptimo Día- han desatado el interés de la prensa y los curiosos de medio mundo. Desde 2006, pero sobre todo en los últimos meses, los días en Kogelo ya no son tan apacibles.”

No me interesa resaltar la tradición polígama de los familiares de Obama sino la supuesta filiación religiosa de un familiar muy directo, su padre. Según esta fuente, el papa de Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de los EE. UU, fue, antes de morir, Adventista del Séptimo Día. Aunque una revisión más profunda de este tema, fundamentalmente realizada por los lectores asiduos de este blog, desmienten tal información.

Hagamos por un mometo historia-ficción y tratemos de imaginar que consejos religiosos (los políticos prefiero no imaginarlos), pudo haber dirigido papá Obama a su hijo Barack. Quizás podrían haber sido estos:
1. Hijo mío, guárdate de la unión iglesia-estado. Cuando eso ha sucedido las minorías religiosas siempre ha salido malparadas.
2. Hijo mío, no tengas nada que ver con ningún tipo de ley dominical. Ya sabes que la Biblia habla siempre del sábado como siendo el verdadero día de descanso, y nunca habla en ese sentido del domingo.
3. Hijo mío, cuidado con el Vaticano. No ignores que este país al que aspiras gobernar se fundó por aquellos que huían de la represión religiosa impuesta por la fe anglicana (aprendieron bien la lección de intolerancia religiosa del papado), y fundamentó su constitución sobre el principio de la libertad de culto y religión.
4. Hijo mío, no olvides repasar los capítulos 13 y 17 de Apocalipsis, donde se predice con absoluta precisión que la intolerancia religiosa vivida en la Europa medieval volverá a ocurrir en este mundo global.
5. Hijo mío, lee de vez en cuando, siempre que tu agenda te lo permita aquel libro que te regale titulado “El Conflicto de los Siglos”.

Lo que ya no tengo tan claro y por eso me cuesta imaginarlo es la respuesta que podría dar Barack Obama a estos consejos. Quisiera imaginar que nuca serían estas:
1. Papa, estoy atado de pies y manos. Que las minorías se unan a las mayorías y problema resuelto.
2. Papa, si el movimiento dominical es más numeroso que el movimiento sabático, entonces no me quedará otra que atender las demandas de la mayoría de votantes y ciudadanos de este país.
3. Papa, eso ocurrió hace mucho tiempo. Las cosas han cambiado y las personas también.
4. Papa, quizás eso no se dice de quien tu dices que se dice.
5. Papa, gracias por tus regalos, pero, por favor, que los libros no pasen de 150 páginas porque no tengo tiempo ni de respirar.

Quisiera imaginar al candidato Barack Obama decirle a su padre: – “Papa, no te preocupes, no pienso repetir el papel lamentable de Poncio Pilato. No quiero que la historia se repita en mi persona.”

Y puestos a imaginar, y sin ánimo de ofender a los republicanos, me cuesta aún mucho más imaginar al candidadto McKain responder positivamente a las verdades bíblico-proféticas. Sólo me queda concederle el beneficio de la duda.

28, septiembre, 2008

El saco de la indiferencia

Archivado en: Libertad Religiosa,Religión — johada @ 3:10 pm
En estos mundos seculares en los que nos movemos la expresión que algunos líderes religiosos usaron para describir la experiencia de Juan el Bautista y aún al mismo Jesús, léase “diablo tiene” (véase Mateo 11:18 y Juan 7:20), ha perdido sentido. ¿Por qué? Pues, porque el diablo no existe para el hombre posmoderno y secular. La expresión utilizada para describir a aquel que profesa una fe integral sería más bien: “está loco” o “qué fanático”. Para el hombre y la mujer secular cualquier persona aferrada a una determinada fe, salvo raras excepciones, supone un acto de debilidad que debe ser rehuido por eso de que “podría ser contagioso”. Budistas, musulmanes, cristianos, ya sean católicos, ortodoxos, anglicanos, evangélicos, adventistas, o ya sean, testigos o mormones, etc.,… todos van al mismo saco.
A ese saco lo llamo “el saco de la indiferencia”. Indiferencia a todo lo que huela a religión. ¿Cómo hemos podido llegar a este punto? La sociedad moderna se jacta de los grandes logros que ha conseguido y se creen muy inteligentes y evolucionados, y tildan de debilidad la fe que caracterizaba a las sociedades de los siglos que nos han precedido en la historia. Y si bien es cierto que esas sociedades más religiosas que seculares dejaban mucho que desear, no es menos cierto que las actuales sociedades más seculares que religiosas también dejan mucho que desear.

El motivo de tal indiferencia quizás no sólo se deba al humanismo que situó al hombre como el centro del universo, desplazando a Dios de su cetro legítimo. Creo que el mal ejemplo que el creyente a lo largo de la historia a dado de Dios no ha sido siempre el mejor. Conocida es la frase de Gandhi: “Yo mismo sería cristiano sino fuera por los cristianos”. Por tanto, ambos factores, el humanismo y el mal ejemplo del religioso de turno, han motivado, creo, el desencanto hacia lo religioso.

Y aunque ambas realidades son ciertas y han hecho daño a lo que llamamos el fenómeno religioso, no deja de ser cierto que el ser humano del s. XXI, se aleja de la religión no sólo por el humanismo que impregna todo lo que nos rodea ni por el mal ejemplo de los religiosos de antaño, sino porque él mismo tiene su propia religión. Todo ser humano está ligado a algo o a alguien. Hay personas que se adhieren a un partido político, otros a un determinado estilo de música que siempre está asociado a un determinado “look” o tribu urbana, no faltan los que son socios o simpatizantes de un determinado club de fútbol o de cualquier otro deporte, aún otros tienen al deporte como su referente. No faltan los que idolatran a su pareja, y por supuesto, son muchos los que encuentran en el sexo, en cualquiera de sus formas, su vía de escape. Todos, quien más quien menos, en mayor o menos medida, en el fondo somos religiosos, porque todos, sin excepción, necesitamos llenar nuestras vidas de algo o alguien que de sentido a nuestra existencia, sin entrar a valorar si ese algo o alguien es lícito o ilícito, positivo o negativo, bueno o malo, etc.

En el libro de Eclesiastés, libro profundo y reflexivo donde los haya, podemos leer la siguiente declaración: “Solamente he encontrado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al hombre, pero éste se ha complicado la vida” (Eclesiastés 7:29). Mientras unos creemos que el hombre secular se ha complicado la vida con invenciones, artificios y artimañas, algo de lo que no está exento el religioso, otros, los seculares, siguen pensando que el religioso comprometido se la complica todavía más negándose los supuestos “placeres” de esta vida.

Y mientras la vida siga, no faltarán los fanáticos de turno que siguen mancillando el fenómeno religioso por medio de sus palabras y actos, como tampoco faltarán los intolerantes de turno que meten a todo lo que huela a religión en el saco de la indiferencia.

8, septiembre, 2008

El instinto moral

Archivado en: Ciencia,conciencia,Creacionismo,Religión — johada @ 8:19 pm


Mark Hauser, profesor de psicología de la universidad de Harvard y autor de Morla Minds, lleva adelante un estudio sobre la moralidad innata en el ser humano. Es lo que algunos denominan la “moralidad genética” o “moralidad biológica”.

Según Hauser, todo ser humano comparte unos principios universales e inconscientes que subyacen a nuestros juicios sobre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal.

Las diferencias culturales o religiosas afectan a nuestro comportamiento ante dilemas morales concretos como, por ejemplo, la pena de muerte. Pero no interfieren tanto en cómo los valoramos de una forma abstracta, i.e. pensamos que matar es malo. En esto todos los humanos compartimos una innata lógica común.

Por lo dicho hasta aquí, gran parte del colectivo científico se frota las manos señalando que se ha encontrado el origen orgánico o biológico de lo que denominamos moralidad, o conciencia del bien y del mal.

Yo quisiera indagar al hecho común de ese concepto del bien y del mal innato en el ser humano como una cualidad que nos diferencia del resto de criaturas. El hecho de que exista esa conciencia que nos hace enfrentar la realidad con una moralidad, nos lleva al hecho religioso, a trascender buscando respuestas abstractas como nuestro origen y nuestro destino.

El hecho de descubrir una moralidad biológica, es una evidencia inversa al proceso que se suele señalar. No existe una búsqueda de Dios (creación de un dios) por el deseo o necesidad moral biológica, sino que, para mí, Dios nos creó con esa necesidad moral para una mejor convivencia, y por lo tanto, con un deseo innato de buscarle de nuevo aún estando separados de él por el pecado.

Pablo ya habló de este concepto, aunque en otros términos, llamándolo “conciencia”:

dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos” (Romanos 2:15).

También habló Pablo de la individualidad de la conciencia, a pesar de ser un hecho común a todo ser humano, llegando a conclusiones parecidas a las de Mark Hauser:

Me refiero a la conciencia del otro, no a la tuya, pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?” (1 Corintios 10:29).

Ante la divulgación de estas investigaciones, sólo puedo decir: “¡Qué maravilloso Creador!” (What a wonderful Maker).

(Canción de Jeremy Camp).

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