Blog Adventista

19, febrero, 2009

ANDAR EN INTEGRIDAD

Archivado en: integridad,segunda oportunidad — johada @ 9:50 pm

El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Prov. 10:9.

Vivimos en días de inseguridad. Hay violencia por todos lados. Tú sales de casa por la mañana y no estás seguro de volver a la anoche. Las empresas privadas de seguridad han crecido mucho en los últimos años. ¿Quién no desea protegerse?

En el versículo de hoy encontramos la receta divina para andar seguro. “El que camina en integridad -afirma el escritor bíblico- anda confiado”. Integridad en hebreo tiene el significado de “estar completo”. Si las flechas envenenadas estuviesen hiriendo a todo el mundo, tú estarás seguro si tu cuerpo está protegido en el refugio. No puede quedar nada de ti afuera. Ni la cabeza, ni los brazos, ni los pies. El refugio es tu seguridad.

Esta es la recomendación divina: Anda en los caminos del Señor con todo tu ser, de forma completa, con tu mente, con tu cuerpo y con tu alma. No te dividas, no te desintegres. Eso puede ser fatal.

Lo contrario de la integridad, en la opinión de Salomón, es la perversidad. El diccionario define la perversión como corrupción o deterioro. Cuando una persona muere, su cuerpo entra en descomposición. Es un proceso lento. Segundo a segundo. Minuto a minuto. Día tas día, hasta que queda completamente podrido y con el tiempo, se transforma en polvo.

Ese es el futuro para el que no sigue con integridad los consejos divinos. El peligro que corremos no es lo que los hombres nos puedan hacer. No son las amenazas de la noche o del día, ni los flagelos o cataclismos de la naturaleza. El gran peligro es quedar con un pie dentro del refugio y otro afuera.

Pretender servir a dos señores es cruel. Ningún ser dividido tiene paz. Vive, pero está muerto. Desintegrándose. Deteriorándose en un proceso lento, doloroso e irreversible.

¿Hay esperanza para quien se auto infligió heridas psicológicas y emocionales, tratando de vivir una vida doble? Cuando Jesús estuvo en esta tierra encontró personas destruidas, como la samaritana, María Magdalena y Zaqueo, y los reconstruyó por dentro. Los hizo de nuevo. Los curó.

Hoy Jesús continúa dispuesto a hacer maravillas. Todo lo que hay que hacer es ir a él, y decirle: ¡Aquí estoy, Señor! Toma mi vida en tus manos. Lo hago de todo corazón, porque “el que camina en la integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.

Pr. Alejandro Bullón

ANDAR EN INTEGRIDAD

Archivado en: integridad,segunda oportunidad,violencia — johada @ 9:50 pm

El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Prov. 10:9.

Vivimos en días de inseguridad. Hay violencia por todos lados. Tú sales de casa por la mañana y no estás seguro de volver a la anoche. Las empresas privadas de seguridad han crecido mucho en los últimos años. ¿Quién no desea protegerse?

En el versículo de hoy encontramos la receta divina para andar seguro. “El que camina en integridad -afirma el escritor bíblico- anda confiado”. Integridad en hebreo tiene el significado de “estar completo”. Si las flechas envenenadas estuviesen hiriendo a todo el mundo, tú estarás seguro si tu cuerpo está protegido en el refugio. No puede quedar nada de ti afuera. Ni la cabeza, ni los brazos, ni los pies. El refugio es tu seguridad.

Esta es la recomendación divina: Anda en los caminos del Señor con todo tu ser, de forma completa, con tu mente, con tu cuerpo y con tu alma. No te dividas, no te desintegres. Eso puede ser fatal.

Lo contrario de la integridad, en la opinión de Salomón, es la perversidad. El diccionario define la perversión como corrupción o deterioro. Cuando una persona muere, su cuerpo entra en descomposición. Es un proceso lento. Segundo a segundo. Minuto a minuto. Día tas día, hasta que queda completamente podrido y con el tiempo, se transforma en polvo.

Ese es el futuro para el que no sigue con integridad los consejos divinos. El peligro que corremos no es lo que los hombres nos puedan hacer. No son las amenazas de la noche o del día, ni los flagelos o cataclismos de la naturaleza. El gran peligro es quedar con un pie dentro del refugio y otro afuera.

Pretender servir a dos señores es cruel. Ningún ser dividido tiene paz. Vive, pero está muerto. Desintegrándose. Deteriorándose en un proceso lento, doloroso e irreversible.

¿Hay esperanza para quien se auto infligió heridas psicológicas y emocionales, tratando de vivir una vida doble? Cuando Jesús estuvo en esta tierra encontró personas destruidas, como la samaritana, María Magdalena y Zaqueo, y los reconstruyó por dentro. Los hizo de nuevo. Los curó.

Hoy Jesús continúa dispuesto a hacer maravillas. Todo lo que hay que hacer es ir a él, y decirle: ¡Aquí estoy, Señor! Toma mi vida en tus manos. Lo hago de todo corazón, porque “el que camina en la integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.

Pr. Alejandro Bullón

17, febrero, 2009

PAZ EN LA TEMPESTAD

Archivado en: confianza,paz,segunda oportunidad — johada @ 9:46 pm

Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. Sal. 29:3.

El Salmo 29, de donde tomamos el texto de hoy, se lo usaba específicamente en la fiesta de los tabernáculos que se celebraba en el mes de tisri u octubre, más precisamente en los primeros ocho días de la fiesta. La fiesta de los tabernáculos era el período en que los israelitas acampaban en tiendas hechas de manera tosca, para recordar la experiencia de sus antepasados cuando Dios los sacó de Egipto.

Uno de los grandes peligros de esa fiesta eran las tempestades que podían llegar en esa época. Octubre era un mes de fuertes lluvias. Por eso, este salmo tiene como título “la voz del Señor en la tempestad”. La expresión “la voz del Señor” se repite siete veces y en cada una de ellas se hace referencia a una situación calamitosa, tal como árboles que están siendo arrancados, truenos, terremotos, etc.

Cuando conocí a Shawn, vivía en una tempestad parecida. La esposa se había ido del hogar llevándose a las dos hijas del matrimonio. Con indignación en la voz, Shawn se preguntaba: “¿Por qué?” Había perdido la voluntad de vivir. Sentía que había llegado al final del camino.

Todos enfrentamos tempestades. Matrimonios ante un posible divorcio, hijos que no se entienden con los padres. Colapsos financieros, sociedades desechas; deudas, depresión, enfermedades. Tempestades que, de alguna manera, se abaten sobre los hijos de Dios produciendo miedo, desánimo y desesperación. ¿Qué hacer?

Solo hay una salida: ¡Escucha la voz del Señor! Eso mismo, escucha la voz del Señor en medio de la tempestad. Él está a tu lado. Si la vida tiene tempestades, tú tienes un Dios que no va a permitir que tu barquito se hunda. El profeta Isaías ilustra eso al decir: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.*

Puede ser que la meteorología de tu vida esté previendo una fuerte tempestad para hoy. No salgas de tu casa sin antes oír la voz de Dios. Esa es la única garantía que tú tienes de tener paz en medio de la tormenta.

Enfrenta el día con coraje y con la certeza de la victoria, porque: “Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas”.

* Isa. 43:2.

Pr. Alejandro Bullón

5, febrero, 2009

TU ROSTRO LO DICE

Archivado en: segunda oportunidad — johada @ 9:43 pm

Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta. (Gén. 4: 6, 7).

El Señor vio la cólera de Caín. Vio el decaimiento de su semblante. De esta forma se nos revela cuán de cerca sigue el Señor toda acción, todas las intenciones y propósitos, sí, aun la expresión del semblante. Aunque el hombre no diga nada, su rostro puede expresar su negación a seguir el camino y la voluntad de Dios (SDA Bible Commentary, tomo 1, Pág. 1086).

Notad las palabras del Señor. . . Esta pregunta puede dirigirse a todo hombre y mujer jóvenes, quienes, como Caín, revelen su ira. . . al actuar guiados por los impulsos de Satanás, en directa oposición a los requerimientos de Dios (Manuscrito 77, 1897).

Si UD. decide desechar la influencia sagrada y refrenadora de la verdad, Satanás le conducirá cautivo a su voluntad. UD. estará en peligro de caer víctima de sus apetitos y pasiones, y de dar rienda suelta a las concupiscencias, al mal y a los deseos abominables. En vez de reflejar en su rostro una calma serena bajo la prueba y la aflicción, como el fiel Enoc, e irradiar la esperanza y la paz que sobrepujan el entendimiento, estampará en su rostro la huella de los pensamientos carnales y los deseos concupiscentes. Llevará la impresión de lo satánico en vez de lo divino (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 199, 200).

Muchos niños y jóvenes llevan estampado su carácter en su semblante. Llevan la historia de su vida en las facciones del rostro. . . Si Cristo es el principio permanente del corazón, podréis leer pureza, refinamiento, paz y amor en las facciones del rostro. En otros semblantes un carácter malo exhibe su letrero; se hallan allí expresados el egoísmo, la astucia, el engaño, la falsedad, la enemistad y los celos. ¡Cuán difícil es que la verdad impresione el corazón y el semblante de tales caracteres!. . .

Cristo ha provisto toda la cultura espiritual para sus hijos. Si Jesús mora en el alma, el corazón se llena de las santas gracias de su Espíritu, el cual se manifiesta en la transformación de las facciones. Si queréis tener hermosura y amabilidad de carácter, debéis tener la ley divina escrita en el corazón y practicarla en la vida (Consejos sobre la Obra de la Escuela Sabática, págs. 125, 126).

E. G. White

5, enero, 2009

UN TIEMPO ESPECIAL DE OPORTUNIDAD ESPIRITUAL

Archivado en: escepticismo,segunda oportunidad,testimoniar — johada @ 9:26 pm

“Pues habiendo conocido a Dios,… ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades” (Rom. 1:21, 29).

No obstante la iniquidad del mundo antediluviano, esa época no fue, como a menudo se ha supuesto, una era de ignorancia y barbarie. Los hombres tuvieron oportunidad de alcanzar un alto desarrollo moral e intelectual. Poseían gran fuerza física y mental, y sus ventajas para adquirir conocimientos religiosos y científicos eran incomparables. Es un error suponer que porque vivían muchos años, sus mentes alcanzaban tarde su madurez: sus facultades mentales se desarrollaban temprano y los que abrigaban el temor de Dios y vivían en armonía con su voluntad, continuaban aumentando en conocimiento y en sabiduría durante toda su vida…

Los antediluvianos no tenían libros ni anales escritos; pero con su gran vigor mental y físico disponían de una memoria poderosa, que les permitía comprender y retener lo que se les comunicaba, para transmitirlo después con toda precisión a sus descendientes… Lejos de ser una era de tinieblas religiosas, fue una edad de grandes luces. Todo el mundo tuvo la oportunidad de recibir instrucción de Adán…

El escepticismo no podía negar la existencia del Edén mientras estaba a la vista, con su entrada vedada por los ángeles custodios. El orden de la creación, el objeto del huerto, la historia de sus dos árboles tan estrechamente ligados al destino del hombre, eran hechos indiscutibles; y la existencia y suprema autoridad de Dios, la vigencia de su ley, eran verdades que nadie pudo poner en tela de juicio mientras Adán vivía.

A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo. Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables. Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras. Sólo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fieles y adoradores sinceros (Patriarcas y profetas, págs. 68-71).

E. G. White

14, noviembre, 2008

EXAMINA TUS SENDAS

Archivado en: Pensar,segunda oportunidad — johada @ 9:49 pm

Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. Prov. 4:26.

Si aquella tarde no me hubiera parado para pensar, habría continuado el viaje por el camino equivocado y cuando lo descubriera, tal vez sería tarde.

Reflexionar, pensar, meditar, examinar y considerar son acciones necesarias en el camino de la vida. Vivimos en un mundo de muchos caminos. Alguien cambió las señales de la carretera. Creyendo que estamos en la dirección correcta, podemos estar acercándonos a la muerte.

Cuán bueno es Dios que nos dio el tiempo dividido en días, semanas, meses y años. Es como si dijera: “Estas son paradas para que pienses”. Tú te das cuenta que la noche está inevitablemente llegando. El sol se esconde y aparecen las sombras como una invitación natural al descanso. ¿Qué haces antes de dormir? ¿Qué acostumbras a hacer? ¿Qué pensamientos ocupan tu mente?

“Examina la senda de tus pies”, es el consejo divino. ¿Qué salió bien y qué salió mal? ¿Qué pude mejorar? ¿Qué pudiste haber dejado de lado? ¿Necesitaste hacer un desvío de! plan original? ¡Cuántas veces el piloto tiene que cambiar su plan de vuelo, porque surge una tempestad amenazadora a su frente! Esta vida está llena de tempestades y peligros. La maravilla del cerebro humano es que puede “reprogramarse” a fin de enfrentar las tormentas de la vida.

Examina, piensa, medita. Examinar permite avanzar con seguridad. No hay empresa, familia o individuo que tenga la posibilidad de llegar seguro al puerto deseado sin evaluar los procedimientos.

¿Cuál es el rumbo de tu vida hasta aquí? ¿Estás conduciendo a tu familia de la manera que planificaste antes del casamiento? Nunca es tarde para comenzar de nuevo cuando tú te das cuenta que tomaste el camino equivocado.

Hoy es un nuevo día. Hay sol, hay vida. Hay personas que están corriendo tras sus sueños, ¿no es verdad? Donde tú vives, ¿está oscuro por causa de las nubes? No importa, de todos modos, mira para afuera. Abre la ventana de tu vida. No te encierres. Abre tu corazón a Jesús, porque a pesar de la tormenta, el sol continúa brillando por encima de las nubes.

Ese dolor que te perturba, va a pasar. Ese problema que te preocupa, tiene solución. Porque Jesús está en e! control de tu vida, ¿o no lo está? Para estar seguro: “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos”.

Pr. Alejandro Bullón

23, octubre, 2008

EL PECADO HIZO QUE DIOS CAMBIARA SUS PLANES

Archivado en: pecado,segunda oportunidad — johada @ 8:44 pm

“Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo… maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo” (Gén. 3:16-18).

A Eva se le habló de la tristeza y los dolores que sufriría. Y el Señor dijo: “A tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti”. En la creación Dios la había hecho igual a Adán. Si hubieran permanecido obedientes a Dios, en concordancia con su gran ley de amor, siempre habrían estado en mutua armonía; pero el pecado había traído discordia, y ahora la unión y la armonía podían mantenerse sólo mediante la sumisión del uno o del otro.

Eva había sido la primera en pecar, había caído en tentación por haberse separado de su compañero, contrariando la instrucción divina. Adán pecó a sus instancias, y ahora ella fue puesta en sujeción a su marido. Si los principios prescritos por la ley de Dios hubieran sido apreciados por la humanidad caída, esta sentencia, aunque era consecuencia del pecado, habría resultado en bendición para ellos; pero el abuso de parte del hombre de la supremacía que se le dio, a menudo ha hecho muy amarga la suerte de la mujer y ha convertido su vida en una carga.

Junto a su esposo, Eva había sido perfectamente feliz en su hogar edénico; pero, a semejanza de las inquietas Evas modernas, se lisonjeaba con ascender a una esfera superior a la que Dios le había designado. En su afán de subir más allá de su posición original, descendió a un nivel más bajo…

Dios manifestó a Adán: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producira, y comerás hierba del campo; en el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado”.

Era voluntad de Dios que la inmaculada pareja no conociese absolutamente nada de lo malo. Les había dado abundantemente el bien, y vedado el mal. Pero, contra su mandamiento, habían comido del fruto prohibido, y ahora continuarían comiéndolo y conocerían el mal todos los días de su vida. Desde entonces el linaje humano sufriría las asechanzas de Satanás. En lugar de las agradables labores que se les habían asignado hasta entonces, la ansiedad y el trabajo serían su suerte. Estarían sujetos a desengaños, aflicciones, dolor, y al fin, a la muerte (Patriarcas y profetas, págs. 42, 43).

E. G. White

29, septiembre, 2008

PERDÓN EN JESÚS

Archivado en: culpabilidad,segunda oportunidad — johada @ 8:10 pm

JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Sal. 130:3, 4.

La culpa tiene el terrible poder de paralizar. Paraliza la vida, los planes y los sueños. Nos hace sentir sucios, indignos y sin derecho a nada. Hay mucha gente fracasada en la vida porque, inconscientemente, aceptó la derrota como una forma de autocastigo. Esa gente cree que el sufrimiento que la culpa le produce, puede, de alguna forma, ganar un punto a su favor delante de Dios.

El salmista conocía muy bien el peso de la culpa, por eso menciona a Dios dos veces en una frase tan corta. “JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?” Se sentía como polvo. Por más que intentase justificarse o sublimar la culpa, su iniquidad lo condenaba. El martillo del pasado lo crucificaba en el madero de su propia conciencia.

¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Es la pregunta que perturbó al ser humano a lo largo de los tiempos. La respuesta es: Nadie. Porque el pecado mata. Mata lentamente, poco a poco, imperceptiblemente. Al comienzo, roda parece maravilloso, tú sientes sensaciones que nunca antes sentiste. Te sientes libre como un ave, tomas tu vida y vuelas por el mundo sin límites ni fronteras, por donde tu imaginación te lleva.

Pero el tiempo pasa. Implacable. Cruel. Insensible. Y cuando tú comienzas a darte cuenta de los estragos en tu vida física, moral o psíquica, ya es tarde. Las sombras de la noche ya te envuelven, te gustaría que el día se prolongara para cambiar el rumbo de las cosas, pero sientes como si la propia vida escapase de tus manos. No hay duda, el pecado mata. Nadie subsiste a él.

Por eso, la única solución está en el perdón, y el perdón solo puede alcanzarse a través de Jesús. Este don divino es ofrecido gratuitamente a todos, pero solo lo reciben “los que lo reverencian”, es decir, los que le temen. Este temor no tiene nada que ver con el miedo. Es el resultado del amor, nacido de un corazón agradecido que aprendió a confiar en Dios ya creer en sus promesas.

A pesar de tu pasado, hoy puede ser un nuevo día para ti. Ayer ya pasó. No Cuenta. El futuro todavía no llegó, está en las manos de Dios. Aprovecha el presente para decir, como el salmista: “JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado”.

Pr. Alejandro Bullón

14, septiembre, 2008

¡VEJEZ FELIZ!

Archivado en: segunda oportunidad,Vejez — johada @ 8:33 pm

Corona de los viejos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres. Prov. 17:6.

E1 hombre de 60 años descubrió que tenía SIDA y casi enloqueció. Compró veneno para ratas, tomó una cantidad importante, y murió. Fue el fin de una historia triste, marcada por decisiones equivocadas.

Encontraron el cadáver cinco días después. Había una nota al lado, que decía: “Tuve muchas oportunidades de aceptar a Cristo y lo rechacé. Hoy descubrí que tengo una enfermedad fatal. Vaya morir. A pesar de eso, siento que Jesús me llama, pero, ¿para qué entregarle el corazón si mi vida ya no vale nada?”

Este hombre tenía un hermano gemelo. Ambos tuvieron los mismos padres, recibieron la misma educación, se educaron en las mismas escuelas, y fueron amados del mismo modo. A los catorce años, uno aceptó a Jesús, el otro no. El primero vivió siguiendo los consejos divinos. Constituyó una familia feliz, tuvo tres hijos que son hoy profesionales exitosos, y Dios le dio cinco nietos. A los 80 años, ve que sus nietos son su corona y sus hijos su gloria. La promesa divina es una realidad en su experiencia.

Sin embargo, el hermano gemelo tuvo una vida y un final diferente: tres matrimonios fracasados, no tuvo hijos, y se suicidó al descubrir que tenía SIDA como resultado de la vida promiscua que llevaba. Tuvo muchas oportunidades de decidir y decidió de manera equivocada.

Todos nos acercamos irremediablemente a la vejez. En la Biblia encontramos promesas maravillosas para aquellos que envejecen siguiendo las instrucciones divinas. Para éstos, cada etapa de la vida es especial y desde su sillón preferido pueden, un día, ver la familia que construyeron. La muerte no los asusta, porque tienen el corazón lleno de esperanza.

Hoy es un día propicio para evaluar el camino que tú recorres. ¿A dónde vas? ¿Quién orienta tus pasos? ¿Es tu vida el desarrollo instintivo del impulso y el fruto de tu esfuerzo, guiado por normas limitadas a este mundo, o es la obediencia a los principios de vida de un Dios que nunca falla? Responde te a ti mismo y recuerda: “Corona de los viejos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres”.

Pr. Alejandro Bullón

29, agosto, 2008

RESTÁURANOS

Archivado en: amistad,Conversion,relaciones,segunda oportunidad — johada @ 8:47 pm

Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Sal. 80:7.

El otro día hablé con el hijo de un empresario de éxito. Hijo único, tenía todo para continuar haciendo crecer la empresa del padre. Pero, lamentablemente, se juntó con las personas equivocadas y terminó prisionero de las drogas.

El hombre tenía cuarenta años. Ya no era joven, y mirando hacia atrás, decía: “Fueron más de veinte años de mi vida tirados a la basura”.

Pero un día se encontró con Jesús. Era el último recurso y se aferró a él con las fuerzas que todavía le quedaban. Hoy, cuesta creer en la transformación operada en la vida de este joven. Volvió a los estudios y comenzó a trabajar en la empresa del padre.

A eso, exactamente, se refiere la súplica del salmista hoy: “Restáuranos”. Restaurar es arreglar lo que está destruido. Muchas veces, restaurar es “hacer de nuevo”. Tú tomas un jarrón hecho añicos y lo reconstruyes pedazo a pedazo, de modo que nadie nota que un día estaba roto. Pero el salmista va más allá. Él dice: “Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.

El hombre de nuestra historia, me contaba que mientras estaba prisionero en las garras del vicio, tenía vergüenza de mirar la cara de sus padres. El padre le decía: “¿Por qué, hijo, si nunca te dejé de amar, a pesar de todo lo que hacías?” Y el hijo responde: “Me sentía sucio, indigno y por eso desaparecía durante meses”.

Así es el sentimiento de culpa. Dios nunca abandona al hijo rebelde. Nunca “esconde su rostro”, pero el pecado crea en el ser humano tal sentimiento de culpa que él cree que Dios está enojado.

Si por algún motivo, tú fuiste herido por algún dardo envenenado del pecado, no tengas miedo ni vergüenza de ir al Padre celestial. Él está con los brazos abiertos dispuesto a recibirte.

El salmista apela hoy al Señor de los ejércitos. En hebreo, el nombre de Dios en este versículo es Jehová. Este nombre denota todo el poder controlador de los cielos y de la tierra. Todo ese poder está disponible para ser usado en tu favor, para restaurar lo que parece humanamente imposible de ser restaurado.

Clama hoy en tu corazón: “Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.

Pr. Alejandro Bullón

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