No se puede hablar antes de tiempo. No es bueno alardear de algo que no ha ocurrido, por muy seguro que estés de tus propias fuerzas, porque el rival al que te enfrentas también las tiene. Dos presidentes de dos clubes históricos de la primera división del fútbol español han caído con todo el equipo por sus palabras precipitadas e impulsivas.Hablamos siempre de Pedro, pero el resto de sus compañeros en el discipulado también se “escaquearon”, para evitar “comerse el marrón”. Jesús les había advertido que Satanás les había requerido para zarandearlos (ver Lucas 22:31). Ellos habían subestimado el poder de Satanás. En otras palabras, estaban convencidos de que iban a “chorrear” a Satanás (ver Marcos 14:31), porque los últimos acontecimientos vividos al lado de Jesús así lo hacían presagiar (la transfiguración, la gran cantidad de milagros que habían visto, la revelación de la divinidad de Jesús en el mar tempestuoso, la resurrección de Lázaro,
etc.).
Los presidentes del Madrid y del Sevilla, al igual que Pedro, miraban atrás y veían un Madrid 6 – Betis 1, y un Athletic de Bilabo 1 – Sevilla 2, respectivamente. Los buenos resultados en la liga doméstica les acompañaban y les hacían presagiar lo mejor. Estaban convencidos que unos iban a “chorrear” a los del Liverpool, y que los otros se iban a “comer al león (Athletic de Bilbao) de la cabeza a la cola”.
En la vida espiritual, al igual que en fútbol, nunca puedes cantar victoria hasta que no la consigues. “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Corintios 10:12). Que declaración tan cierta. Estar firme es bueno, es deseable y es lo que Dios espera de cada cristiano sincero y comprometido (ver p.e.: Romanos 5:2; 1ª Corintios 15:58; 2ª Corintios 1:24; Gálatas 5:1; Efesios 6:11; Colosenses 4:12; 2ª Tesalonicenses 2:15; Hebreos 10:23; 2ª Pedro 1:10). Pero ese cristiano firme no está exento de poder caer y ser presa de Satanás, de ese “león rugiente [que no el Athletic en este caso] que anda alrededor buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8).
A grandes éxitos a menudo le siguen grandes fracasos, porque todos sabemos que “lo difícil no es llegar sino mantenerse”. Por eso el consejo de Jesús para el cristiano es “permaneced en mí” (Juan 15:4). Esa es mi lucha. Esa es mi batalla. Si lo logro, y por cierto, que no es ninguna utopía, entonces la victoria es segura porque “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi” (Gálatas 2:20). Estamos llamados a hablar de la firme convicción en el poder de Dios, pero de nada valdrá eso si primero no lo experimento. Y cuando experimente el poder de Dios en mi vida, ese poder que “chorreó” (¿?), mejor venció a Satanás, entonces jamás me vanagloriaré de mis victorias espirituales sobre el pecado, ni pasadas ni presentes ni futuras, porque toda la gloria era, es y será siempre para mi Dios.
“A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin falta ante su gloria, con gran alegría, a Dios nuestro Salvador, el único sabio, sea la gloria y la majestad, el dominio y la autoridad, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 24, 25).
Definitivamente, ese algo que nos sobra es la autosuficiencia.






Antes de la era del DVD, una organización adventista comercializaba grabaciones de oradores internacionales 






